sábado, 26 de septiembre de 2009

Apariencias.

Me molan las hijas de ZP, creo que han demostrado más personalidad en una foto que su padre en seis años. Hay que echarle huevos para resistirse al protocolo de las altas esferas (o para cumplirlo de una manera peculiar) con esa edad y con un papi tan importante y tan socialistamente convencional. Como ciudadano medio que me dejo llevar por las noticias-titulares, de la Asamblea de la ONU sólo me he enterado del aspecto gótico de esas chicas y de que su papi achacó la crisis mundial al cambio climático. Los petrodolares saliendo por el agujero de la capa de ozono. Qué más da todo lo demás. Tanto es así que, pasados unos días, no estoy seguro si la foto fue en la Asamblea de la ONU o en cualquier otro evento (¿Madrid 2016? ¿La casa de Gran Hermano?)
Se puede discutir el comportamiento público del personaje/siglas ZP para con sus niñas, pero los ropajes que éstas visten son inmaculados, bien planchados y, por cierto, muy parecidos a la toga que viaja en el maletero de mi coche.
Quizá sólo sea cuestión de sensaciones: la foto gótica me causó una sonrisa mientras que, días antes, ver a las jóvenes Pajín y Aido con el puño en alto, con sus ropajes de marca y gritando la internacional me causó angustia generacional. Qué he hecho con mi juventud, ¡la he desperdiciado sin luchar por la causa obrera!
A veces cuesta distinguir lo mediocre de lo normal. Me da que las hijas de ZP llevan mejor camino que Aido y Pajín. Y mejor que su padre. Que no se fíe ZP que por tener sus niñas un ramalazo gótico-adolescente no quita que por llevarle la contraria le jodan algo más que el protocolo y se le hagan del PP. Ya veremos.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Esto pasó?

Esperar es introducirse en la categoría de lo inane. Ojear el Marca, ojear puertas, caras a contrapié, zapatos, carteles de los terroristas más buscados, el buzón de quejas del juzgado vacío, o si está lleno dará igual porque seguro que nadie tendrá en sus competencias abrirlo para ver que hay dentro. Salir un rato a la plaza, echar un vistazo con la cabeza en otra parte. Alguna pregunta y respuesta en transición a ninguna parte. "No sé si dejarme puesto el collarín" No soy médico, si te duele y estás mejor así... "Ya, creo que me lo voy a quitar" Cuánto cuento. Y el de seguridad dice que tiene hambre, que ese cuerpo no se hace a base de dos cafés, me lo creo y me da igual. Cómo encima se suspenda la vista... Encontré refugio en un anciano de gorra de pana, chaleco caqui y de cara curtida por un alfarero, con un hijo con retraso mental pegado a su espalda, guardia pretoriana de su sentido común "De estar tanto tiempo esperando se me carga la cintilla la corva, así pal cuello" Está usted bien para su edad. "Yo vengo acompañando a este, me la han intentao jugar muchas veces pero no han podío..." Me lo creo, yo a usted le daba una toga con puñetas. "Sí, y me la pongo y paso ahí dentro y los mando a todos a la calle, no vienen aquí na más que pa tonterías" Y lo mejor es que no había resignación en sus palabras, ni enfado, no tenía conciencia de estar haciendo el imbécil esperando como me pasaba a mí. Tenía más razón que un santo. Qué curioso lugar de espera. Insultantes e insultados, agresores y agredidos conviviendo pacíficamente durante dos horas y media, apiñados en apenas cuarenta metros cuadrados: ¡qué gran logro social, qué aparente reconciliación y paz que sólo puede y sabe producir el Juzgado de Villanueva de los Infantes! Lo que hace el tedio, hasta no apetece mirar con inquina al vecino rival. Y al final se suspendió. Y a casa. Y ver los mensajes de llamadas perdidas en el móvil, que tiñen el viaje de vuelta de amenazas de prisas intrascendentes.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Más sobre la gente de orden.

Os dejo este interesante enlace de la Asociación APEDAL, donde lo explican todo muy bien y con propuestas concretas:

http://ciudadrealapedal.es//index.php?option=com_content&task=view&id=375&Itemid=66

martes, 8 de septiembre de 2009

La sombra del viento es muy alargada y ancha.

¿Por qué no hay best-sellers de menos de doscientas páginas? ¿Suponemos que McDonalds tiene cinco tenedores? Por favor, que no se interpreten estas líneas feroces y breves como una crítica a los productos Hacendado. En todo caso me sigue preocupando el tamaño: ¿Por qué todos responden al formato ladrillo? Minimalismo y silencio no son lo mismo.

Gente de orden.

Todos conocen la inefable nueva ordenanza municipal de movilidad de Ciudad Real, aunque más bien debiera llamarse de inmovilidad. Es famosa a nivel local, nacional e, incluso, internacional. Este verano, desde el extranjero, al poner la televisión, lo primero que oí fue el nombre de mi ciudad. El canal internacional de TVE ha sido una vía publicitaria magnífica para nuestros estadistas municipales.
Como digo, por todos es conocida esta ordenanza, por eso mismo no voy a entrar en detalles, pues muy difícil es desgranar y motivar la estupidez que emana de alguno de sus puntos. Saco a la palestra este tema no por su fondo sino por una reciente noticia sobre, digamos, su forma o su marketing.
Dijo en rueda de prensa hace poco nuestro Portavoz del Equipo de Gobierno Local que todo se debe a "interpertaciones erróneas" y que matizarán algunos puntos. Es decir, en definitiva, que los culpables de la estúpida ordenanza somos los ciudadanos, que malinterpretamos, que somos unos mal pensados. Sr. Cañizares dixit.
No le falta razón, interpretamos mal cuando les votamos en las últimas elecciones. Pero en cuanto a la ordenanza simplemente se trata de saber leer.
Le digo yo que el peligro de una norma no es como la interperetan los ciudadanos a los que de una forma u otra se les impone. Lo peligroso es su contenido y cómo la interpreta y aplica aquel que ostenta la responsabilidad política, es decir, usted y sus compañeros Sr. Portavoz.
Es más, también le digo desde mi mal interpretable gen:
En cuanto a su contenido demuestra esta Ordenanza una serie de motivaciones políticas perfectamente mojigatas y escrupulosamente cizañeras; que continúan de manera lógica otros intereses prioritarios de su gobierno como tirar el dinero en decoraciones de mal gusto de nuestras rotondas que, además, las convierten en una trampa mortal en caso de accidente de tráfico. Demostración de que tienen ustedes un concepto de civismo encorsetado, hipócrita y clasista.
En cuanto a la interpretación y aplicación de dicha ordenanza deseando estoy oir esas matizaciones, y leer esos panfletos que van a buzonear para explicarla (más derroche absurdo). Y ansioso estoy por comprobar como la aplican, como superan la apliación del principio non bis in idem, por no hablar de la falta de generalidad y abstracción de muchos preceptos como el dedicado a la cera de las procesiones.
A la espera de ese futuro próximo que posiblemente les sirva de expiación, aunque lo dudo, una cosa le digo: de momento ustedes se han convertido en el hazmerreír de todo un pueblo. Un pueblo que, claro está, mal interpreta pero que en el fondo lo que siente no es un simple chiste: es verguenza ajena de salir en el telediario por su culpa.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viva septiembre.

Septiembre me gusta, el auténtico año nuevo (comienzos, retornos, bagajes) Su luz anuncia frío, color más allá de las espigas resecas y, encima, hay una buena película de Woody Allen que lleva ese nombre. September. Odio el calor con su presunción de pereza, la inmovilidad sudorosa por mucha cerveza que se le ponga, rehuyo los tumultos de absurdas tomatinas y sanfermines. Luego vemos locura en el Coliseo romano (se nota que he estado en Roma...) pero allí nadie se jugaba la vida de forma voluntaria. Eran condenados, forzados, desheredados. Cierto que los demás disfrutaban de la sangre. Sangre que era del mismo color que la que ahora vemos en el telediario, incluso en directo, en prime time, y en las plazas de toros. Que lo coje, lo cojió, y es cuando nuestros cinco sentidos se convierten en seis.
Lo más útil del verano, además de ese viaje a Roma, ha sido leer algún libro y releer las Memorias de Adriano. Y dice la autora por algún sitio, más o menos pues cito de memoria, que el trabajo es útil a veces para no mirar a la vida a la cara. Verdad a medias, pues depende del trabajo, pero está claro que no es lo mismo la vida de los demás que la propia.
Por mi parte, después de unos días trabajando, sólo ayer me sentí de vuelta al trabajo, pues fue cuando sufrí de nuevo las esperas absurdas en el Juzgado, la insoportable levedad procesal del pasillo, los renglones no escritos de las leyes de enjuiciamiento... Desidia contagiosa. Tengo facilidad para contagiarme no de virus, sino de estados de ánimo, y odio esperar. Esperando no se mira a la cara ni al trabajo ni a la vida propia ni a la ajena. El aburrimiento sólo divaga sin sentido, como mucho se piensa en alguna parte del trabajo, o en algún chiste fácil sin gracia más allá de la inspirada por la desidia, hasta que me voy a casa pensando en el archivo del procedimiento penal respectivo (que se premia según el Sr. Turno de Oficio con el impago) Me voy pensando en la influencia que ha tenido lo que he hecho o dejado de hacer en el resultado del procedimiento. Y me voy cabreado por el tiempo que me podía haber ahorrado.
Huyo pensando que este trabajo, en el fondo, es útil a su manera, pues te acostumbra a analizar hechos cotidianos, más incluso que el estudio del derecho, mirando la rutina cronológicamente, buscando motivos, justificaciones, resultados, posibilidades. Uno se acostumbra a ver descuadres en un gesto, en un tono de voz. Se llega a apreciar el punto de secuela de la víctima en el hablar dubitativo de su tío.
Me voy del Juzgado pensando que ante el defecto de mentir la virtud de dudar. Y me voy sabiendo que dentro de poco me tocará esperar de nuevo en el Juzgado y, lo peor, que me contagiaré de ello y perderé mucho más tiempo a mi manera, por mi culpa y sólo por mi culpa, entre otras cosas escribiendo en este blog.