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miércoles, 8 de febrero de 2012

Alabado seas, Garzón.

No soy objetivo, ni lo pretendo, y además lo digo: Garzón nunca me ha caído bien. Debe ser algo genético: No me caen bien los iluminados, los vehementes, los moralistas, los del afán de protagonismo. Garzón lo ha sido y lo será.
Es un tío singular que aúna la condición de juez, de político frustrado y de conferenciante de atrapa un millón. Que dentro de poco tendrá alguna calle a su nombre y se le hará una estatua, o dos. Es un tío que, ridículo entre los ridículos, se cree envidiado y por ello perseguido.
Aún no salgo de mi asombro. Hoy, en su derecho a la última palabra como imputado, ha citado a Kant, gran síntoma de humildad del muchacho. Y así ha dicho sin sonrojo que "el Tribunal del hombre es su conciencia". ¡Qué bonito! En mis próximas conclusiones de un juicio penal lo diré a voz en grito.
Más allá de que sea una sentencia discutible, no tendría mayor relevancia si la hubiese dicho Camps, Del Nido, o cualquier otro imputado del Spain is different. Pero lo ha dicho un tipo que además de imputadísimo es Juez, y que se ensalza de dicha condición. Un tipo que ejerce la jurisdicción, que ha estimado y desestimado, absuelto y condenado. Que ha mandado a prisión a muchos imputados.
Y no se le ocurre mejor conclusión respecto a su condición de imputado que deslegitimar, en sentido amplio, la función de los Tribunales que él mismo representa.
Si, efectivamente, el tribunal del hombre es su conciencia, ¿Para qué queremos pagar con dinero público a jueces como usted? ¿Para qué queremos garzones? ¿Para qué necesitan garzones las victimas del franquismo? ¡Viva la conciencia!
Imagino la escena del próximo juicio en el que Garzón sea presidente de un Tribunal de Justicia, quizá en las Islas Caimán, y le presenten una excepción de falta de competencia y jurisdicción, porque el imputado de estilo batasuniano diga no reconocer al Tribunal porque a él sólo lo juzga su propia conciencia.
De Juez estrella a Juez afantochado de sí mismo. Lo peor de este tipo no es que sea un Juez mediático, sino que se considera un Juez mesiánico. Y desde su cúspide no ve sus graves contradicciones o, mejor dicho, gilipolleces.
Quizá es que él se considera el único capacitado para juzgar a los demás. Quizá lo que quería decir con su cita de Kant, que soy un mal pensado, es que es sólo su conciencia, y nada más que su conciencia, la capacitada para juzgar a los demás. Este Garzón se ha puesto de un divino de la muerte. Yo lo criogenizaba o lo clonaba y ponía a uno igualico a él en cada sitio puñetero, que diga, togado.
Este tío está empeñado en fabricarse su propio y ridículo muñeco del guiñol.
A punto está de conseguirlo.

martes, 6 de septiembre de 2011

Lo esperado.

Decía el tres de agosto en la entrada de más abajo de irónico título "¿Qué dirá la sentencia?" lo siguiente:
"... por eso, supongo, que mi cliente saldrá condenado, aunque espero que a menos que lo solicitado de contrario.
Un puñetero detalle de educación que recibo en una espera judicial se termina convirtiendo en un indicio claro de parcialidad"

Pues eso, me han notificado la sentencia y, efectivamente, han condenado a mi cliente a mucho menos de lo solicitado de contrario. Lógicamente el alcalde conocerá al juez, y ambos, y entre sí, y a la recíproca, al concejal denunciante. Lo cual, por supuesto, no habrá influido nada en el fallo. Aunque se condene por una falta de lesiones cuando el informe forense dice que no hay lesión y no digo más que me caliento.
Piensa mal y acertarás. Que suspicaz me estoy volviendo, leches.
Curioso también que un Juez de instrucción dedique nueve folios a una sentencia de un minúsculo juicio de faltas. Sí, habéis leído bien: nueve folios.
Mucho más curiosa es la rapidez en dictar la meritada sentencia. El juicio el veintiséis de julio, la sentencia con fecha cinco de agosto y me la notifican hoy. ¡Ni un maldito juicio rápido!
No me sorprende nada, esto es España, un pueblo pequeño de España, y aquí todos sabemos de todo. Curiosa forma de canalizar el inconformismo la de nosotros los "ejpañoles".
¡Qué bien me lo voy a pasar haciendo el recurso!

miércoles, 27 de julio de 2011

Una coca cola light.

Ayer, por ser hasta la fecha el día más caluroso del verano, y por ser mi cumpleaños, me tocó disfrutar de coche, aire acondicionado, sudor en la espalda y en el trasero, corbata, toga, prisas, juicio de faltas intenso y, además, en la supuesta cuna del Quijote. Y lo de disfrutar no lo digo con segundas ni con ironía, que me va la marcha. En un lugar de La Mancha. Pasé una envidia terrible viendo las carreteras y caminos adyacentes plagados de ciclistas, incluso algunos con alforjas haciendo, supongo, la ruta del quijote.
Recuperé sensaciones perdidas por mis cambios laborales pero hubo una cosa totalmente novedosa y que me mantiene en estado de shock.
Estábamos citados a las 10:45 horas. Los dos juicios anteriores estaban aún pendientes, siquiera había comenzado el primero, y con los clientes, testigos y procuradores estábamos de cuitas horarias sobre si llegaríamos a casa a comer, a merendar o a cenar.
A las 10:48 horas nos llama el Juez. Dos ideas me vinieron a la cabeza: o va a adelantar nuestro juicio porque los otros se suspenden o nos va a instar a llegar a un acuerdo, lo cuál es improbable en este tipo de procedimiento. Nada de eso. Milagro: nos comunica muy amablemente que los dos juicios anteriores están pendientes de conformarse con el Fiscal, que disculpemos el retraso, que comenzaremos sobre las 11:20 y que hasta entonces podemos irnos a tomar un café.
- Pues muchas gracias Señoría, es todo un detalle por su parte.
Aún dudo si fue verdad.
Al salir le mostré tal incredulidad o sorpresa a la procuradora que hasta el cliente se me acercó a preguntar si es que pasaba algo malo.
- No, ¡que va! Tranquilo, lo único es que te va a costar invitarnos a todos a una coca cola.
Y aún quedaba lo más sorprendente.
- ¿No sabes de quién es novio o marido este Juez? - Me preguntó la procuradora, armada de ciento y un mil cotilleos.
- No, no tengo ni idea - Le contesté con mi coca cola en la mano.
- De la Jueza de ese otro lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.
- Ostras... Pero... Si a esa sólo le falta ponerte a hacer flexiones mientras esperas o, incluso, ponerte unas orejas de burro y de rodillas contra la pared, sosteniendo con las palmas de las manos hacia arriba cinco tomos del Aranzadi.
- Pues sí, así es - Afirmó satisfecha sintiendo como sus chismes enredaban la madeja de la crónica rosa judicial.
- El amor es lo que tiene.
- Sí, no hay quién lo entienda.

lunes, 19 de abril de 2010

Maneras y desapego.

Iba a decir que me sorprende la siguiente consideración, pero no, que va, en el fondo no me sorprende: la mayoría de los representantes de este país entienden que la mejor forma de solucionar los problemas es actuar entre bambalinas. La expresión "escena política" tiene un sentido mucho más literal del que nos podamos imaginar.
Los propios representantes del ordenamiento jurídico (en la forma y manera asociativa que sea) prefieren actuar por "personalismos" antes que acudir a los medios que garantizan la seguridad jurídica y, por ende, el Estado de Derecho. Y luego escenificar en público lo que se considere políticamente correcto.
Los políticos, los medios, las encuestas, nosotros los ciudadanos, pensamos que los mayores enemigos de la democracia son el terrorismo, las crisis económicas y la corrupción, con sus delitos tan perceptibles por tener contenido económico. Y es cierto.
Pero hay otra cuestión menos perceptible para la democracia, intangible, enemigo leve pero contumaz: la permanente movida al bisbiseo, al apaño. La preferencia por los grupos de presión antes que por la audiencia pública.
Esta forma de entender la política, aunque no me guste, he de reconocer que es legítima pues, en todo caso, es muy difícil de controlar o regular. Incluso puede dar buenos frutos puntualmente, pero no me parece el medio correcto.
A largo plazo ésa actitud se constituye en el germen de problemas, que pueden parecer vagos, pero que son muy reales y capitales en el desarrollo de cualquier colectivo: desapego, abstención, individualismo.
La Justicia está mal valorada, será por eso que los políticos, los ciudadanos e, incluso, muchos profesionales del sector prefieran solucionar los problemas "a su manera", sin confiar en ella.
Quizá yo sea demasiado iluso, demasiado inocente, demasiado desconfiado, demasiado ignorante o desordenado o poco profesional. Todo ello puede ser cierto dependiendo del momento y el lugar, pero ello no es óbice para que tenga una opinión muy clara en este tema: prefiero saber a quién y cómo exigir responsabilidades antes que hacer profesiones de fé, sobre todo cuando ello significa dar mi confianza ciega a la reacción de un político fuera de los órganos representativos.
P.D.: Esta entrada es una generalización sin mayores aspiraciones, exclusivamente personal. Surge de un contexto político general, pero también de un tema concreto (que el lector enterado habrá captado sin problemas) Aclaro para evitar malentendidos lo que ya dije en su momento en vivo y en directo: no se trata de desconfianza en los mensajeros, sino en los resultados de cada medio: me ofrece más garantías lo que diga una sentencia judicial frente a lo que decida un alto cargo político fuera de contexto tras medir su balanza de intereses, compromisos y votos en juego. Sé lo que es un recurso de apelación, pero no sé que se puede hacer ante la promesa incumplida de un político.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Porque sí.

Miedo me da la "justicia material". Viene a ser un eufemismo de discrecionalidad, es decir, de pongo este fallo más por la impresión subjetiva que tengo del asunto que por el contraste objetivo de pruebas y leyes. Hay cosas sorprendentes, como que en los fundamentos de derecho de sentencias aparezca la remisión expresa a esa "justicia material".
Un abogado puede referirse al "sentido común" en un recurso de apelación, y el Juez de la Audiencia correspondiente le puede contestar, irónicamente, que el sentido común no es fuente del derecho, lo cuál no deja de ser materia de análisis detenido. Pero bien, técnicamente es cierto que el sentido común no es fuente del derecho. En este sentido riguroso, claro está que la justicia material tampoco es fuente del derecho, aunque se esté convirtiendo en su día a día.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Nuevo récord: 2 h y 55' de espera en Vva. Infantes.

Villanueva de los Infantes. Señalado juicio de faltas a las 11:00 horas. Como la Plaza Mayor es muy bonita, el Juzgado, en plenos soportales, te da un tiempo de espera razonable de dos horas y cincuenta y cinco minutos para disfrutar de las excelencias turísticas del lugar. Y el juicio en cuestión, que me lo suspedieron ya en otra ocasión, haces mes y medio, por solicitar los denunciados abogado (en aquellas ocasión sólo esperé una hora y cuarenta minutos) me lo vuelven hoy a suspender, esta vez porque sí.
Me opongo a la suspensión, me opongo a todo, supongo que con tono agrio por las caras de circunstancias que ponen el fiscal y el juez, un tono que, luego pienso, no recuerdo haber usado antes, en correspondencia supongo a que nunca antes había estado esperando tres horas para una suspensión injustificada. Más allá de las cuestiones jurídicas expuestas (si no hay auto motivado no se concede abogado para juicio de faltas, una solicitud de asistencia jurídica gratuita no suspende el curso de este procedimiento, en la citación se les explicó todo a los denunciados, han tenido tiempo suficiente, dilaciones indebidas, patatín, patatán, etc., etc.) me da rabia que, según dice el juez, que le han dicho los funcionarios que los denunciados fueron la semana pasada al juzgado a avisar de eso de la solicitud de asistencia jurídica gratuita sin resolver y que el mismo juzgado ha pedido al Colegio de Abogados que le informen al respecto. Es decir, que ya sabían hace una semana que se iba a suspender y no han avisado a las partes. Pues que bien, ya lo que faltaba, la gota que colma el vaso. Todo sea dicho, el juez muy educado y el fiscal típico que no mira ni de reojo al que se sienta a su lado de acusación particular, mirándose concentrado el nudo de la corbata. Me harto, estos tíos sabían que iban a suspender y me tienen tres horas esperando, me he visto dos juicios como público, he pedido las actuaciones y no me han dicho nada. Ya no sé en que momento procesal estamos, ni me importa y sin pensarlo mucho ni poco le digo al juez:
- Señoría, más allá de lo expuesto anteriormente, lo que no entiendo es que en este juicio de faltas el juzgado sea tan meticuloso con una solicitud de abogado primero y, luego, con una solicitud de asistencia jurídica gratuita, y, en cambio, en el juicio anterior que he presenciado, comparecidos cinco denunciantes igualmente con acusación particular contra un sólo rumano que ni siquiera hablaba bien español, no se le haya preguntado si quería abogado, y al final del juicio al darle la última palabra no sabía ni lo que se le estaba diciendo y ha balbuceado un simple "no", siendo un asunto de mayor gravedad que este y una posible responsabilidad civil elevada. No lo entiendo.
El fiscal hunde un poquito más la cabeza para verse el nudo de la corbata desde más cerca y el juez, amable y algo nervioso, creo que debido a que me gana en inexperiencia, obviamente no entra a discutir lo que le acabo de decir del rumano, pues es algo impepinable y yo no quería contestación sino desahogo y joder la marrana, pero viendo el cariz de mi descaro me vuelve a pedir disculpas por el funcionamiento del juzgado, por el retraso del juicio, me dice que se me podrán todas las facilidades habidas y por haber para que en el próximo señalamiento mi testigo pueda comparecer sin problemas de horario por su trabajo, me pone cara de pena... Le falta decirme que me va a dar la razón.
Me largo de aquí. Que asco.
P.D.: cuando se cruza el día, se cruza entero. En la larga espera hice una quiniela en la administración de lotería de al lado del juzgado y, claro, puse en todas las columnas que ganaba el Real Madrid. El Alcorcón está claro que no opinaba igual que yo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Esto pasó?

Esperar es introducirse en la categoría de lo inane. Ojear el Marca, ojear puertas, caras a contrapié, zapatos, carteles de los terroristas más buscados, el buzón de quejas del juzgado vacío, o si está lleno dará igual porque seguro que nadie tendrá en sus competencias abrirlo para ver que hay dentro. Salir un rato a la plaza, echar un vistazo con la cabeza en otra parte. Alguna pregunta y respuesta en transición a ninguna parte. "No sé si dejarme puesto el collarín" No soy médico, si te duele y estás mejor así... "Ya, creo que me lo voy a quitar" Cuánto cuento. Y el de seguridad dice que tiene hambre, que ese cuerpo no se hace a base de dos cafés, me lo creo y me da igual. Cómo encima se suspenda la vista... Encontré refugio en un anciano de gorra de pana, chaleco caqui y de cara curtida por un alfarero, con un hijo con retraso mental pegado a su espalda, guardia pretoriana de su sentido común "De estar tanto tiempo esperando se me carga la cintilla la corva, así pal cuello" Está usted bien para su edad. "Yo vengo acompañando a este, me la han intentao jugar muchas veces pero no han podío..." Me lo creo, yo a usted le daba una toga con puñetas. "Sí, y me la pongo y paso ahí dentro y los mando a todos a la calle, no vienen aquí na más que pa tonterías" Y lo mejor es que no había resignación en sus palabras, ni enfado, no tenía conciencia de estar haciendo el imbécil esperando como me pasaba a mí. Tenía más razón que un santo. Qué curioso lugar de espera. Insultantes e insultados, agresores y agredidos conviviendo pacíficamente durante dos horas y media, apiñados en apenas cuarenta metros cuadrados: ¡qué gran logro social, qué aparente reconciliación y paz que sólo puede y sabe producir el Juzgado de Villanueva de los Infantes! Lo que hace el tedio, hasta no apetece mirar con inquina al vecino rival. Y al final se suspendió. Y a casa. Y ver los mensajes de llamadas perdidas en el móvil, que tiñen el viaje de vuelta de amenazas de prisas intrascendentes.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viva septiembre.

Septiembre me gusta, el auténtico año nuevo (comienzos, retornos, bagajes) Su luz anuncia frío, color más allá de las espigas resecas y, encima, hay una buena película de Woody Allen que lleva ese nombre. September. Odio el calor con su presunción de pereza, la inmovilidad sudorosa por mucha cerveza que se le ponga, rehuyo los tumultos de absurdas tomatinas y sanfermines. Luego vemos locura en el Coliseo romano (se nota que he estado en Roma...) pero allí nadie se jugaba la vida de forma voluntaria. Eran condenados, forzados, desheredados. Cierto que los demás disfrutaban de la sangre. Sangre que era del mismo color que la que ahora vemos en el telediario, incluso en directo, en prime time, y en las plazas de toros. Que lo coje, lo cojió, y es cuando nuestros cinco sentidos se convierten en seis.
Lo más útil del verano, además de ese viaje a Roma, ha sido leer algún libro y releer las Memorias de Adriano. Y dice la autora por algún sitio, más o menos pues cito de memoria, que el trabajo es útil a veces para no mirar a la vida a la cara. Verdad a medias, pues depende del trabajo, pero está claro que no es lo mismo la vida de los demás que la propia.
Por mi parte, después de unos días trabajando, sólo ayer me sentí de vuelta al trabajo, pues fue cuando sufrí de nuevo las esperas absurdas en el Juzgado, la insoportable levedad procesal del pasillo, los renglones no escritos de las leyes de enjuiciamiento... Desidia contagiosa. Tengo facilidad para contagiarme no de virus, sino de estados de ánimo, y odio esperar. Esperando no se mira a la cara ni al trabajo ni a la vida propia ni a la ajena. El aburrimiento sólo divaga sin sentido, como mucho se piensa en alguna parte del trabajo, o en algún chiste fácil sin gracia más allá de la inspirada por la desidia, hasta que me voy a casa pensando en el archivo del procedimiento penal respectivo (que se premia según el Sr. Turno de Oficio con el impago) Me voy pensando en la influencia que ha tenido lo que he hecho o dejado de hacer en el resultado del procedimiento. Y me voy cabreado por el tiempo que me podía haber ahorrado.
Huyo pensando que este trabajo, en el fondo, es útil a su manera, pues te acostumbra a analizar hechos cotidianos, más incluso que el estudio del derecho, mirando la rutina cronológicamente, buscando motivos, justificaciones, resultados, posibilidades. Uno se acostumbra a ver descuadres en un gesto, en un tono de voz. Se llega a apreciar el punto de secuela de la víctima en el hablar dubitativo de su tío.
Me voy del Juzgado pensando que ante el defecto de mentir la virtud de dudar. Y me voy sabiendo que dentro de poco me tocará esperar de nuevo en el Juzgado y, lo peor, que me contagiaré de ello y perderé mucho más tiempo a mi manera, por mi culpa y sólo por mi culpa, entre otras cosas escribiendo en este blog.

miércoles, 1 de julio de 2009

Orgullo y prejuicio (2ª parte)

La vida es una simple casualidad. La entrada anterior la escribí mucho antes de conocer al amigo "Sansón Carrasco" y fíjate tú ahora. Creo que lo poco que salva a "Sansón" es el compañerismo, pues ni siquiera tienen melena.
Y un excesivo batiburrillo de ir y venir (algo inconsciente), hoy por hoy, y de forma sucesiva, al Juzgado nº 5 de Ciudad Real, a la Comisaría de Policía Nacional, al Juzgado de Guardia, al Puesto de la Guardia Civil de Miguelturra, al Juzgado de Almagro. Pasar entremedias de no sé donde (ya me he perdido) por un despacho y no darme tiempo a ir al otro por tener que llevar el coche al taller, que a todos los sitios que he citado, aunque no lo creáis, voy en coche y no corriendo. Poco más.
Eso me pasa por ir de peregrino y hablar de Santiago y esas cosas. Entre cada posta a uno se le olvidan los qués y los cómos, y alguna cosa más y se dedica a hacer autocrítica. En fin, puedo prometer y prometo no hacer ninguna metáfora "quijotesca" aunque sólo sea para ser consecuente con lo dije en la entrada anterior, aunque sólo sea para empezar a ordenar las cosas, aunque sólo sea para pensar que quizá sea merecido.

viernes, 12 de junio de 2009

En suspenso.

Vas a Valdepeñas a una declaración, a media mañana, y te dicen que se suspende. ¿Estado de alarma, excepción o sitio? ¿Nos han invadido de nuevo los franceses? No. Es que el funcionario encargado del asunto está de baja. ¿Y no la puede tomar algún compañero suyo? ¿O Su Señoría, como corresponde? No. Que ya nos citarán para otro día. ¿Y no nos podrían haber avisado? No, porque lo tendría que haber hecho el funcionario que está de baja, y al estar de baja no habrá podido. Claro, claro.
El ilustre cazador y también Ministro Bermejo dijo algo de impulso interno, cuando la huelga y eso. Y se le echaron encima sin falta de razón. Efectivamente, tuvo que ser más prudente, que generalizar con lo peyorativo de terceros en huelga, siendo político, es ponerse en la guillotina mediática. Pero en algunos casos puntuales, como el que refiero, no le faltaba razón, ni mucho menos.
Es la una y media. Yo he perdido una mañana entera con la falta de solidaridad funcionarial o de impulso o de quién sabe qué. Y si quiero impulsarme internamente no me queda más remedio que ir a contra pie. Serán cosas del estío, o del hastío. Y hay que dejar las cosas cerradas antes de agosto y si me pilla Bermejo...
En fin. Al menos he visto los campos de Valdepeñas, las direcciones y cañadas anunciadas, y he recordado los pasajes del libro de Galdós que tengo en marcha, en pausa de relectura, esperándome para la siesta, con el General Castaños buscando la retaguardia de la canalla y Gabriel y Santorcaz trasegando La Mancha, hacia las cercanías de Bailén.
Como veís, me conformo con poco. Algo habrá que hacer entre pérdida y pérdida de tiempo.

jueves, 4 de junio de 2009

"Andar es sano" o "Predicar con el ejemplo"

Conté por aquí hace un par de meses como la grúa me virló el coche por los excesos de celo del Juez Decano en funciones con la zona de seguridad del Juzgado (según me informó una fuente fiable) Y pusieron bolardos unos días después. Y los gorrillas de enfrente siguen campando a sus anchas. Desconozco si nuestros suplicados Juzgados han ganado en seguridad o no. Sabe Dios.
A partir de entonces, como todo hijo de vecino obligado a soltar pasta por cualquier chorrada en estas ciudades del siglo XXI, opté por dejar el coche en el parking de los multicines de al lado, a razón de euro y pico cada envite.
Pero hoy me siento reconfortado con aquél, lejano ya, día de autos (nunca mejor dicho lo de "autos") por dos motivos:
Primero, la multa por mal aparcamiento no me ha llegado, han pasado casi tres meses y no me ha sido notificada, conocer gente hace milagros. Llorar también.
En segundo lugar, y lo más importante, he comprobado en primera persona, desde una perspectiva inmejorable, casualidades de la vida, como los excesos de celo de nuestro querido y entrevistado Juez Decano en funciones, se han vuelto en su contra. Verbigracia que decían antes. En respuesta a los problemas de aparcamiento en la zona del Juzgado este Señor dijo recientemente, públicamente, en entrevista a Tabla XIII, que nunca ha habido zona habilitada para los profesionales de guardia y, lo más oportuno, que en definitiva andar es sano.
Simpatica e irónica solución para decir que el problema de aparcamiento no es para tanto. Yo le hice caso, pues me tomo las indicaciones e, incluso, los consejos físicos de los jueces al pie de la letra. Por eso del andar es sano me apunté a los cientouno de Ronda. Y efectivamente, llevaba razón nuestro querido Juez, al igual que lleva razón en todas y cada una de sus sentencias y autos, y me resultó muy sano y placentero recorrer los caminos de Ronda a patita durante más de cien kilómetros.
Estoy más sano que nunca. Es más, siguiendo su consejo, cada vez que estoy de guardia y me llaman de la Comisaría de los nacionales voy y vengo a pie, tardando toda la mañana para lo que antes tardaba un par de horas. Pero los jueces de guardia no se mosquean, ni me piden celeridad, saben que es por prescripción judicial, de su Decano en funciones, que esto de andar para estar sano es ya casi proyecto de ley.
Pasé a idolatrar a este Señor por su consejo, me comí mi anterior entrada del blog, arrepentido por mis palabras suspicaces respecto a Su Señoría. Es que los abogados nos pasamos un huevo, pensé. Apunto estuve de pedirle que fuera mi entrenador personal.
Pero los ídolos son acompañantes fugaces... Hace dos días el mito se me derrumbó... Y aún no me he recuperado. Como os decía, por seguir andando sin parar por prescripción judicial, dejé de aparcar en los multicines Las Vías, y volví a las lejanías del Polígono Larache, con cuarenta grados a la sombra y la toga bajo el brazo es como se disfruta la vida. Un, dos, un, dos. Derecha, izquierda, derecha, con la venia, izquierda.
Desde el campo de prácticas de golf subía yo, dichoso de mí plenitud física, pateando el humeante asfalto, cuando unos pocos metros delante ví un pequeño atasco. De frente, en primer lugar, un coche pequeño, detrás dos furgonetas que salían de las naves, algún claxón sonando, y el conductor del coche pequeño gasticulando dentro del vehículo violentamente, durante un buen rato. Cómo se pone la gente, pensé, que barbaridad ¡que anden como yo y como mi gurú!
Con los ecos en la cabeza del cercano Quijote Arena dudé si podía tratarse de una celebración tardía de la Champions League al estilo Talant Dujshebaev desbocado, en medio de la pista, con los brazos alzados y la mirada perdida. Miré en busca de bufandas o banderas saliendo de las ventanas de los vehículos pero, sorpresa, nada de eso había. Qué raro.
Lo que pasaba era, simplemente, un altercado de tráfico: la típica maniobra en que un coche se detiene para aparcar, pone la marcha atrás, las luces blancas se encienden, pero no puede proceder porque detrás no le han respetado el hueco y tiene pegadas al maletero dos furgonetas blancas, y una creciente fila de coches y, claro, todos no pueden dar marcha atrás para que el primero aparque.
Que listos sois, ya habéis adivinado quién era el conductor del pequeño vehículo a motor deseoso de aparcar y con los brazos alborotados, vociferante, cual molino de viento desbocado moliendo a mi ídolo venerado. Por cierto, eran las diez y cuarto de la mañana.
Sin creer lo que había visto fuí a hacer unas gestiones al Juzgado y, a renglón seguido, a Alcázar de San Juan, donde creo que el Juzgado sobrevive sin zona de seguridad.
Me encuentro perdido, ya no sé si andar es bueno o malo, ¿a quién tomaré ahora como guía espiritual? ¿Por qué enfadarse hasta tal extremo si cuánto más lejos se aparque mejor?
Ya saben, dicen que conduciendo sale a relucir nuestro verdadero carácter. Y, ya saben, dicen que hay gente que muestra su soberbia con gestos abiertamente prepotentes y escupitajos en la mesa y, otros, con un bonachón paternalismo en apariencia apacible y resignado.
Yo sigo dando gracias a estas benditas casualidades que me sirven de guía. De momento me he reconciliado con las grúas y el depósito municipal. Desengañado de mi amor fugaz, pero contento.
Creo que he aprendido, no volveré a aparcar, lo prometo, en un paso de cebra próximo a una zona de seguridad (os recuerdo que esta infracción esta prescrita, que nunca se sabe quién puede leer esto)
Otros continúan en su impostura y echan de menos esa zona de seguridad, que empezó a ser una molestia cuando empezó a utilizarla más gente y no sólo unos pocos privilegiados.
P.D.:
ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN HECHOS REALES. LOS NOMBRES, PERSONAJES Y LUGARES QUE APARECEN TAMBIÉN SON REALES, INCLUIDO YO (DENTRO DE LO QUE ME ES POSIBLE) CUALQUIER TERGIVERSACIÓN DE LO DICHO SERÁ ACLARADA POR OTROS MEDIOS, EN NINGÚN CASO VIOLENTOS. SOY CONSCIENTE DEL RIESGO DE SUFRIR ALGÚN TIPO DE REPRESALIA GARZONIANA. YA SE SABE, LA COSAS DE LA JUSTICIA UNIVERSAL. EN TODO CASO DEJO CONSIGNADO QUE ESTOY INFLUIDO, AL MOMENTO DE ESCRIBIR Y PUBLICAR LO QUE ANTECEDE, POR SUSTANCIAS TÓXICAS QUE NUBLAN LISONJERAMENTE MI POCO ENTENDIMIENTO. CASUALIDADES DE LA VIDA.

martes, 2 de junio de 2009

Crisis y crisis.

De los últimos cuatro juicios verbales por daños que he tenido, en tres de ellos no ha comparecido el demandado y, en el otro, sólo compareció uno de los codemandados. No sé si será cosa de la crisis, y las empresas no comparecidas están en concurso, o que al ser inferior a tres mil euros la reclamación y considerarse culpables piensen que así, al menos, se ahorran la minuta del abogado. Lo dudo, pues suelen llevar al del seguro. Luego en ejecución quizá no les quede ni un duro, pero bueno, bendita sea la crisis, ¡al menos gano algún juicio!
Y es que por La Mancha nos estamos volviendo amantes de la crisis, el Balonmano Ciudad Real desde que luce su flamente publicidad de "I crisis" hace de cada partido un juicio sumarísimo al rival. Cuestión de fe, que esto del deporte nos da metáforas evidentes de lo importantes que son los estados de ánimo.
Que se lo digan al Barcelona y al toreo de balón de Iniesta, pese a que por tierras catalanas, donde nos hacen creer que todos son ecologistas y antiespañoles, comparar a su jugador con el toreo lo consideren un insulto. Que se lo digan a Guardiola, cómo trasformar la misma materia prima en excelencia con un toquecito aquí y otro allá. Para tomar nota.
Que se lo digan al Quijote Arena, donde palabras como empatía e ilusión tomaron forma, cuerpo, cemento puro. Algunos jugadores alemanes miraban sorprendidos a la grada, de reojo, lo nunca visto. Y miraban no por miedo, no se tiró ni un objeto a la pista, no hubo apaños a la griega. Miraban, dejando aparcado su orgullo y su aire de suficiencia, y miraban pensando en cómo era posible que en su fastuoso Sparkassen Arena no sintiesen esa sintonía.
Que le pregunten al todopoderoso Kiel y a Dujshebaev qué es la crisis, o que se lo pregunten al millonario Florentino y al prudente Guardiola. Y quién se cambiaría por quién.
Lamentablemente las ejecuciones judiciales no entienden de estos entusiasmos deportivos, ni existen remontadas.

lunes, 25 de mayo de 2009

Allanado he llegado.

A veces cuesta coger el coche, pero más pesado sería no tener que cogerlo nunca, siempre entre cuatro paredes. Así, con esa justificación optimista y la banda sonora de Barrio Sésamo en la radio, he partido esta mañana a Alcázar de San Juan, pensando en la gotera maldita y en las arquetas juguetonas. Y dado que era fiesta local en Ciudad Real, sin expectativa de pisar un despacho a la vuelta, he echado la bolsa de deporte al maletero, por si acaso. Sería que ya tenía la mosca detrás de la oreja.
Llamada del procurador.
- La parte contraria acaba de presentar un escrito de allanamiento, ¿dónde estás?
- Pues que bien, digo, estoy aparcando. Pues que bien, ¿quién es la compañera?
Compañera es un decir. Subo al Juzgado, me encuentro a la perito por la escalera igual de mosca que yo, vaya tela, ya podía haber avisado, y esto, al menos se ha ganado, y lo otro. Ya que estoy pues cojo una copia del escrito de allanamiento y pregunto por unos juicios de faltas, y hablo con un par de compañeros, y me acuerdo de la estirpe maldita de la plana letrada allanada, y hablo con el procurador de las zapatillas de estar por casa. Qué gracia.
Quince minutos contados desde que aparco hasta que vuelvo a coger el coche. A los de la zona azul ni siquiera les ha dado tiempo a multarme. Después de esta parida judicial, gracias a la compañera a la que voy haciendo vudú telepático, se te queda sensación de vacío espiritual, de kilómetros perdidos, de viaje banal. Pero no, hoy es fiesta local, y no pisaré ya ningún despacho... y tengo la bolsa de deporte en el maletero.
Pienso, me vuelvo dando un rodeo por Ruidera, cincuenta minutos más de coche, pero hace poco pasé por allí y un camino al otro lado de la orilla chiringuetera tenía buena pinta... Cincuenta minutos más de coche que hacen provechoso lo que habrían sido dos horas de volante absurdas.
Y dos horas y media andando, que gusto, en silencio, llegando a agradecer el allanamiento que me ha hecho cambiar los elocuentes chirridos de la allanada por los pájaros y el viento.
Al volver a casa ya no tengo la cara de imbécil con la que salí del juzgado, y ya no me acuerdo de la agraciada compañera, aunque ella, quizá, algún día se acuerde de mí. Y, en el fondo, he tenido mi día de fiesta, que la cabra tira al monte, auque sea para hacer doce kilómetros.




miércoles, 13 de mayo de 2009

Teoría y práctica.

Desgraciadamente ambas parecen reñidas. En la última comida coloquio el Decano de la Facultad de Derecho de Ciudad Real dio muestras de ello en su abstracta introducción, que nos pareció lejana, casi ambigua, aunque luego demostró saber meterse en el fango, pero siempre citando más literatura que soluciones concretas para un abogado, o para un ciudadano. Eso no quita que su intervención no fuera interesante, incluso acertada, no lo critico de forma peyorativa, ni mucho menos, sólo quiero destacar la perspectiva opuesta que nos separa y, a la vez, nos une. Me quedé con una recomendación de un libro que nos hizo ya en la sobremesa "El factor humano" de John Carlin, si alguién quiere leerlo se lo presto. No escribo más, pasen y vean:
http://www.uclm.es/organos/Vic_Investigacion/centros/resolucionconflictos/p-inv.html
http://jovenabogadocr.blogspot.com/2009/05/fotografias-comida-coloquio.html

Quién dice qué, no importa el cómo.

Como abogado, ejerciendo como tal, no siempre puede decir uno lo que piensa. Hay otros intereses, clientes, jueces, tramitadores, compañeros. El respeto lleva a mantener las formas, lo cuál es una virtud. Últimamente oigo hablar de la sinceridad de forma masiva como virtud social deseable. Me niego a creer esa milonga. Y es que se utiliza ese término como destape de la intimidad pervirtiendo su significado. No hay ningún deber a ser sincero y si un derecho a la intimidad.
Bastante tengo con que me graben en los juicios, con que cualquier ente público pueda desgranar al detalle mis movimientos bancarios, o por internet, o por el teléfono móvil, como para que encima me exigan ser sincero con todos y a todas horas.
Eso sí, a veces te apetece ser "socialmente sincero", te apetece decir algo que te callas por las formas, por no crear polémica, por no distraer el objeto del pleito. Y cuando puedes, aunque sea de forma sibilina, indirecta, lo dejas caer, aunque no sirva para nada práctico, como puro desahogo. Creo que quién sea abogado se sentirá identificado con este párrafo.
A finales del pasado mes de julio tuve una comparecencia de prisión, y mi cliente dijo que "lo de la conformidad" le parecía un chantaje de la Justicia. Para los no iniciados: si te conformas al inicio del procedimiento (si es de "juicio rápido") te rebajan un tercio la pena, sino te arriesgas a más pena o la absolución. Una espada de damocles con la presión de estar detenido, esposado, aturdido, sin dormir, quizá resacoso o sin medicar,... Muchos se quedan con "el mal menor" y así se descarga de trabajo a la administración de justicia, aunque quizá no a la penitenciaria.
Pues el Juez le metió mil reproches de forma algo exaltada por decir eso del chantaje de la Justicia, se creó una situación muy tensa, de forma innecesaria, por criticar un mecanismo de la Justicia Penal.
Hoy he hecho un recurso de apelación porque me han denegado una petición de sustitución de pena de prisión, de otro asunto, y buscando argumentos me he encontrado por casualidad (además de con mil dudas) con la Memoria de una Fiscalía del País Vasco de 2004 que critica duramente ese régimen de conformidades tachándola, literalmente, de coacción. Y de esa opinión se hace eco un Fiscal del Tribunal Supremo en un estudio que he encontrado publicado por internet.
No os equivocáis: he citado literalmente dichas opiniones en mi recurso, pues además me venían al pelo de uno de los argumentos que planteaba.
En aquella comparecencia del mes de julio hablo yo de coacción y me crujen, me procesan por obstrucción a la Justicia, por desacato, por desobediencia, por qué sé yo. Lo dice una Memoria de una Fiscalía y un Fiscal del Supremo y es una opinión a tener en cuenta. Los caminos de la teoría a la práctica, del Congreso de los Diputados al Juzgado de Guardia, son inescrutables, pero los perdedores siempre son los mismos.
Probablemente mi cita en el recurso no sirva para nada, pero que a gusto me he quedado mezclando sinceridad, respeto y formas. Creo que es la primera vez que le doy las gracias a algo escrito por un Fiscal, ¡espero que no sea la última!

martes, 28 de abril de 2009

De Hollywood al Juzgado pasando por Barrio Sésamo.

Interpretaba en la anterior entrada los distintos significados de la palabra "calidad". Y mira por donde ayer me encontré de bruces con una confusión conceptual curiosa.
El típico juicio contencioso-administrativo reclamando a un Ayuntamiento por el mal estado de la calzada, que provocó una caída y ésta un esguince de tobillo de grado II. Yo como demandante o "actor". El Ayuntamiento como demandado. Lo de siempre: mi informe médico y técnico de la calzada y el Ayuntamiento negando la mayor (sí, hay lesión, pero no hay prueba de que se produjera en el sitio que yo digo) y luego minorando la posible cuantía indemnizatoria.
Mi cliente me confiesa antes de entrar que no sabe si decir que está en tratamiento psiquiátrico, porque a lo mejor le perjudica, que tiene depresión y no sé qué más, y que dos policías locales la vieron caerse y no le hicieron caso. Le digo que hable lo menos posible, incluso, mejor aún, que no hable nada. El juicio intuyo que se perderá porque no hay prueba directa de los hechos, aunque nunca se sabe, y mi cliente, de sangre caliente, alma banduenda y espíritu desequilibrado, mantuvo una tensa compostura durante los poco más de treinta minutos que duró la vista. Rigidez en el rostro, en la pose, ni un comentario, gesto, gruñido o suspiro ante los argumentos de la abogada del Ayuntamiento. Una bomba de relojería.
A la salida iba con prisas, pues tenía también el juicio siguiente, donde iba a mantener sobre un hecho similar la tesis contraria pues en ese caso iba como aseguradora de un Ayuntamiento, pero esto daría para otra entrada y/o ensayo filosófico.
A pesar de ello salí al pasillo, por curiosidad, a fisgonear la opinión de la cliente, sus reacciones. Lo primero que hizo fue preguntarme si la abogada contraria era del pueblo de donde ella venía y donde sufrió la caída. Pregunta que era una velada amenaza para saber, en definitiva, si era vecina suya y así, en la cercanía de La Mancha pofunda, tomar las represalias sociales, directas o indirectas, que considerase oportunas. Le dije, balbuceante, que no, que creo que no, que creo que es de aquí, de Ciudad Real. Teniendo en cuanta que antes de entrar me dijo que deseaba poner la alcantarilla mal enrasada en la puerta de la mujer del alcalde para que fuese ella la que se partiera la pierna, está claro que mi querida cliente estaba tirando mal de ojo, mal de alcantarilla en este caso, a la compañera; que todo hay que decirlo, fue respetuosa e, incluso, moderada, pues entiendo que no quiso hacer sangre al ver que se le ponía la prueba de cara.

- Cómo se atreve a decir que no me caí, que lo he fingido todo - Refunfuñaba la Señora. El cliente no suele distinguir matices, no es lo mismo decir que no hay prueba suficiente de que la lesionada se cayera por culpa de una negligencia del Ayutamiento a decir que el hecho en sí mismo no sucedió, pero como entenderéis no entre en estos matices.
- Usted tranquila, olvídelo todo, ya cuando llegue la sentencia la avisamos - Intenté quitarle hierro al asunto, que la cliente desconectara de su fijación, al estilo del encantador de perros, pero no me salió, nunca me sale.
- Pero eso de decirme actora, decirme que he actuado con lo de la caída, eso de repetir varias veces lo de actora... - Decía con la mirada perdida por encima de mi hombro buscando a la abogada que estaba detrás de mí.
- No, eso no, tranquilícese, vamos a ver, con actora se refería a que eramos nosotros los demandantes... - No seguí, era inútil entrar en matices.
- Sí, lo que sea, pero que lo ha dicho, ya se podía haber dejado la mala leche en casa esa abogada.

Actor. La palabra actor llevada a su sentido teatral puro. Actor. ¡Qué bueno! Explicale tú a la mirada ofuscada que actor tiene otras acepciones, una de ellas jurídica, que significa tal y cual.
Se despidió de mí dándome las gracias. Juicio muy posiblemente perdido pero cliente contento, quizá debido a la medicación, pues no tuve mucho de donde tirar.
Y a renglón seguido a "actuar", ahora no en el sentido de demandante como en el juicio del tobillo, sino en el sentido cinematográfico, pues sin solución de continuidad y delante del mismo Juez ahora iba a ser yo el que dudase de la caída, de la lesión en el nervio tibial, de las secuelas.
Señoría, no se lo digo por decir, le aseguro que la alcantarilla que ahora nos ocupa estaba en perfecto estado, no como la de hace cinco minutos, hay ayuntamientos buenos, como el que ahora aseguro y represento, y ayuntamientos malos, malvados, como el del juicio anterior.

viernes, 24 de abril de 2009

Denominaciones de origen.

Hace un par de semanas, o quizá sean ya tres, oí la expresión "pleito de calidad", y por entonces andaba yo pensando en otras cosas a toda prisa y no reparé lo sufiente en su sentido. Lo que me vendían con esa etiqueta tenía un doble significado. Por un lado, tratar asuntos poco comunes, extraños, por ello supuestamente más difíciles aunque sólo sea por tener que estudiar algo nuevo (a pesar de que luego, muchas veces, resultan más sencillos) Por otro lado, claro está, la calidad se refería a la cuantía... y a más cuantía mayor la minuta.
Calidad. Según la R.A.E. tiene diversas acepciones. Los que con dicha expresión trataban de convencerme está claro que iban por "2. f. Buena calidad, superioridad o excelencia" Aunque la calidad en términos generales, como primera acepción es: "1. f. Propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor" Por lo que puede ser buena o regular o mala. Y ahí esta el tema, porque un pletio puede ser de calidad por muchos aspectos. Por ejemplo, la mayoría de abogados de los acusados del juicio del 11-M iban con abogados del turno de oficio. ¿Era ese un pleito de calidad? Entiendo que por intereses de todo tipo no cabe mayor calidad, si bien a algunos letrados les costase dinero dedicarse a ello en cuerpo y alma. Incluso un enrevesado juicio de faltas en muchas ocasiones requiere mayor habilidad que un mega-ordinario, debido a la improvisación de la prueba y otros menesteres.
Calidad. Resuena en mi memoria esa palabra, y releyendo sus demás acepciones, desde la perspectiva que da el tiempo, me queda claro que, para lo que me afectaba, aquella calidad que se me ofertaba como producto estrella no era otra cosa que "9. f. pl. Condiciones que se ponen en algunos juegos de naipes" o, incluso, "1. loc. verb. desus. En el arriendo de las rentas reales, comunicar relación jurada del estado de las cobranzas y pagos". Mi memoria se queda con un tufo a que había algo de truco, algo de sometimiento. Creo no equivocarme.
P.D.: Releyendo esta entrada para colgarla en el blog he caído en lo curioso que resulta que 21 acusados por el 11-M fueran con abogados del turno de oficio, como cualquier delincuente común sin medios ni conocidos recomendables. Curioso.

viernes, 10 de abril de 2009

Merece la pena leerlo.

Os dejo un enlace del blog de Lorenzo Silva de El Mundo, que escribe un buen relato breve sobre cosas que pensamos todos mucho mejor de lo que yo podría hacer.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/08/cultura/1239185498.html

martes, 31 de marzo de 2009

Creer o no creer, esa es la cuestión.

- Mira por donde hoy he leido por ahí una cita, ésta: "el abogado es un señor que recupera nuestros bienes de las manos de nuestros adversarios y se los queda" Henry Peter Brougham (1778-1868) Lejos de ofenderme, me ha provocado una lejana sonrisa. Para evitar que me provoque otras sensaciones más cercanas he decidido seguir con mi pecualiarísimo pluriempleo.
- Hoy en el Juzgado nº 3 de Tomelloso el Juez, al verme entrar en la Sala, me ha dicho que "vaya, Sr. Letrado, a usted le gusta litigar" Y es que ayer tuve dos señalamientos con él, y hoy otro más. Es un tipo afable, joven de aire clásico, modales antiguos, que intenta ser cercano y crea alguna confusión procesal. Y a ver que se le contesta a ese comentario... un abogado debería decir que le encanta litigar, y que cuantos más desmanes haya que acaben en el Juzgado, mejor, más trabajo. Opté por decirle, más o menos, que "no se trata de eso Señoría, simple casualidad, ya sabe como son las compañías". En el coche pensé, verse uno en la necesidad de quitar hierro a su trabajo para no parecer que mete pleitos por meterlos y satura de trabajo al Juzgado de forma banal, o que reniega de las soluciones extrajudiciales. Curiosos estos abogados, que mentirosos.
- En el mismo Tomelloso, antes de entrar, el perito, al ver que vamos a pasar puntuales, se sorprende. Supongo que está sorprendido porque como perito estará acostumbrado a largas esperas. Me dice que lo sabe como perito... y porque durante diez años trabajó de oficial de Justicia, y que de cinco trabajan dos. Vaya, vaya, no me digas eso, que estamos rodeados.
- Ayer un juicio se transa antes de entrar por pago y el otro se suspende en la la prueba porque ni siquiera estaba proveído un escrito solicitando una testifical presentado hace mes y medio. El propio Juez, el mismo joven de aire clásico de antes (pienso en empadronarme en Tomelloso) echa pestes de forma comedida de sus funcionarios. Vaya, vaya, no diga usted eso. Aunque espero que efectivamente Su Señoría y mi perito estén de acuerdo en eso y en todo, ¡que bendición!

martes, 17 de marzo de 2009

Distintas varas de medir.

El exceso de celo con la zona de seguridad del Juzgado ha llevado a poner unos pequeños bolardos en toda su extensión. Mientras tanto el pequeño aparcamiento de enfrente tiene su particular zona azul con la invasión de gorrillas, a los que hay que abonar el impuesto revolucionario sopena de sufrir posibles problemas de carrocería. ¿Para eso nadie llama a la Policía Local? No. Ojalá mañana o pasado me tenga que comer mis palabras.
Hoy he visto fugazmente los mencionados bolardos al llegar volando de Daimiel. Te señalan un juicio a las 9:00 horas, en Daimiel, el primer juicio del día. A las 10:45 horas tengo otro en Ciudad Real, pienso, creo que me da tiempo, seguro, este dura 20, 30 minutos como mucho, aunque sean 40 llego a tiempo. Pero la espera se va alargando. Sin explicación, disculpa o sinónimo semejante se empieza el juicio a las 9:51 horas. Diría que increíble, pero no, es muy habitual, se me agota la capacidad de sorpresa. Termina, salgo zumbando, me dice la procuradora que me da tiempo a llegar porque en Ciudad Real van también con bastante retraso. Bueno. Estoy llegando y me vuelve a llamar diciéndome que el bastante retraso ha quedado en menos y que la Jueza dice que celebra. Pues ya llego, leches. Aparco siguiendo las indicaciones del concienzudo gorrilla, paso entre los bolardos corriendo y me siento mientras todos los presentes me miran inquisitivamente. Me ratifico y demás con las pulsaciones en el umbral anaeróbico. Sin necesidad de volver a hacerlo, por educación, me vuelvo a disculpar a Su Señoría al terminar el Juicio, explicándole la circunstancia del retraso. Obtengo un "que sepas que si no es por nuestro propio retraso habíamos celebrado". Encima tendré que darle las gracias. No las doy, faltaría más, me despido. Y me muerdo la lengua y me voy, mordiéndome más la lengua: "que sepa usted (yo no la tuteo) que si no es por la impuntualidad inmotivada, por la falta de respeto absoluta de su compañera de Daimiel, yo habría estado aquí esperando su retraso, que aunque ha sido menor también se ha producido, quizá por empezar usted también tarde su primer señalamiento porque sí" Hay gente que debe disculparse y a sabiendas no lo hace. Hay gente que debemos quejarnos y no lo hacemos, porque como colectivo somos una absurda comparsa. Esperas 51 minutos por amor al arte y das los buenos días al entrar, sin respuesta. Te esperan cinco, con disculpa y causa justificada, y te quedas a 10 segundos de la rebeldía y de la más profunda cagada profesional. El próximo día, Señoría, le pido la suspensión, lo que va también en perjuicio de su carga de trabajo, y si no me la concede vuelvo de Daimiel cumpliendo escrupulosamente los límites de velocidad, y si no me espera, me quejo, vaya que si me quejo.
Vuelvo al aparcamiento, sorteando los bolardos, a pagar el impuesto revolucionario del gorrilla, que por las prisas no pude abonar debidamente. Espero que no me hallan puesto ya la multa, ni recargo alguno.
Aquí lo único que importa es respetar la zona de seguridad.