lunes, 22 de marzo de 2010

Sin esprintar llegando a meta.

Muchas veces es difícil saber por qué nos duele algo, incluso, qué es lo que nos duele exactamente. Hay explicaciones curiosas y diversas sobre el llamado "efecto placebo", es decir, sobre la influencia de la mente, de nuestras creencias o estados de ánimo en las reacciones físicas.
A mi el miércoles me dolía la rodilla derecha, suponía que por una contractura muscular un poco más arriba, hecho que curiosamente me pasó hace cinco años (¡cinco ya!) antes de correr mi primera maratón. Lo curioso es que noté el dolor dando un simple paseo con la perra, sin motivo aparente, y se me encasquilló tanto que cojeaba ligeramente y me temí algo grave.
Es decir, que supuestamente me lesiono sin hacer un esfuerzo físico, pero sí en un momento de cierto estres, prisas, bajón o como quiera decirse.
Tres días de descanso, algo de hielo, y dudas de si correr ni más ni menos que una media maratón el domingo.
Tranquilidad, dormir, no pensar en el domingo, no pensar, tanto que me despierto hora y media antes de la misma sin decidir aún si ir o no. Sin pensar en la rodilla, ignorándola. Sin pensar en otras cosas. Piloto automático. Y voy a Bolaños, no caliento, me pongo en un grupo de "aberronchos" (por ellos mismos llamados) veteranos de Alcázar de piernas constantes y lengua rápida, sin reloj, sin referencias, sin nada, y termino, y me lo paso bien, mejor que nunca corriendo, escucho chistes en el grupo, me río, disfruto del entorno sin agobios. Termino fuerte, sobrado, con la sensación creciente de poder hacer otra vuelta de diez kilómetros al mismo ritmo sin problemas, hoy fresco y, lo más curioso, de la rodilla no he vuelto a saber.
Y el tiempo, no siendo malo, me da igual, seguro que guardaré mejor recuerdo de esta carrera que de otras más rápidas simplemente porque me siento agradecido a mis compañeros de grupo y hemos disfrutado de la solidaridad de los deportes populares.
En la foto, sin esprintar llegando a meta, pues para adelantar un innecesario puesto se pierden unos segundos de compañerismo. Dejando pasar al de al lado sin meter los brazos ni tropezar con el de delante.
P.D.: Es curiosa la evolución de las carreras populares, hacer el "circuito provincial" ha mejorado la organización y el calendario, pero ha imprimido un carácter absurdamente competitivo en gente que no está ni de lejos luchando por los premios. Me parece que se da un aspecto festivo de puertas a fuera que se pierde progresivamente entre los que pisamos el asfalto. Prefiero las carreras como las de Bolaños frente a las multitudinarias como la última de Ciudad Real, con el 'speaker' retrasando cinco minutos la salida citando cuarenta veces que contamos con la presencia de la excelente alcaldesa para cortar la cinta de honor o no sé qué mindas, y con los fiebres ocasionales que te pisan los talones y casi te tiran en la cuesta de San Pedro. Se equivocan los organizadores si lo único que les interesa es aumentar la cifra de participantes cada año.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Porque sí.

Miedo me da la "justicia material". Viene a ser un eufemismo de discrecionalidad, es decir, de pongo este fallo más por la impresión subjetiva que tengo del asunto que por el contraste objetivo de pruebas y leyes. Hay cosas sorprendentes, como que en los fundamentos de derecho de sentencias aparezca la remisión expresa a esa "justicia material".
Un abogado puede referirse al "sentido común" en un recurso de apelación, y el Juez de la Audiencia correspondiente le puede contestar, irónicamente, que el sentido común no es fuente del derecho, lo cuál no deja de ser materia de análisis detenido. Pero bien, técnicamente es cierto que el sentido común no es fuente del derecho. En este sentido riguroso, claro está que la justicia material tampoco es fuente del derecho, aunque se esté convirtiendo en su día a día.

martes, 2 de febrero de 2010

Me pregunto últimamente por qué esto del blog, será porque cada vez escribo menos en él y casi que debería cambiar su nombre por "en cuarentena" o algo parecido. A muchos les encanta eso del tuenti y del feisbuk, yo no le termino de encontrar el punto. Será por mi recóndito espíritu de loco solitario que preferí crear un blog y distanciarme de las indiscriminadas "redes sociales".
Pero incluso los blogs crecen a su antojo, y aunque en éste aparezcan pocos comentarios el número de visitas en algunos momentos me sorprende por su elevado número. Y ya no sé si es una sorpresa positiva o negativa.
Disculparme, pero no puedo evitar tener en ocasiones un carácter huidizo. Lo malo del internet es que ni siquiera puede uno disfrutar del gusto por destruir en plan republicano, pues eliminar un texto se reduce a un click del ratón. Más satisfacción y regodeo, más disfrute en definitiva, debe suponer hacer una hoguera como el cura y el barbero, donde se mezcle la autocrítica literaria con la percepción casi mística de la destrucción. El botón suprimir es demasiado prosaico. En fin, ya veré.

martes, 19 de enero de 2010

Montañas.

Hace un par de meses, en una ruta senderista por la Sierra de Guadarrama conocí a César Pérez de Tudela. No sabía quién era, ni que fuese famoso, o que lo había sido, ni conocía su trascendencia profesional. De inicio sólo me llamó la atención ver a un hombre de cierta edad subiendo y bajando la montaña a un ritmo colosal. Luego me sorprendí enormemente cuando leí que tiene sesenta y nueve años. Todo será por el aire de las montañas. Visto más de cerca me impresionó que su extraordinaria actividad física se completaba con una mirada sabia, un verbo pausado y humilde, una humanidad sin aspavientos. Supuse que este hombre debía tener un increíble fondo de armario y busqué en internet.
Comprobé que muchos lo recuerdan como personaje televisivo, pero este señor es mucho más. Abogado, periodista, policía, escritor... y ante todo aventurero y alpinista. He descubierto con la lectura de su libro "Cinco montañas solo" a un pionero, un aventurero real, una persona que mezcla deporte y espiritualidad en extrañas dosis para la sociedad actual. En su letra escrita, como en su mirada, uno descubre verdades profundas sin concretar, verdades que uno ya no sabe si son humanas o de naturaleza pura.
Uno intuye en sus palabras que quizá la verdad no sea una respuesta concreta sino una actitud ante los medios; un espíritu vivo y no una respuesta ante la muerte. Me quedo pensando que vale más una montaña que la más enorme catedral.

viernes, 1 de enero de 2010

Y Belén Esteban anda por ahí.

El año nuevo llega con los sms de felicitación. ¡Qué divertido! Los que he dado en llamar sms de "todo a 100", de cuando eramos pesetas.
Se trata de hacer una dedicatoria, que incluso se copia sin pensar, y se reenvía por reenviar a todo quisque. ¡Cuánto sentimiento! ¡Que trato tan personalizado y emotivo! Luego nos cabreamos cuando la empresa de turno o la administración tocanarices correspondiente nos iguala por el mismo rasero con un lenguaje incomprensible, como si fueramos una máquina o un simple número. Ante todo un número primo.
Me sorprenden más aún esos mensajes cuando mezclan la felicitación correspondiente con las filias y fobias de moda, que siempre son las mismas: "te deseo lo mejor, y ZP es un inepto cabrón", "feliz navidad, y el PP a la cárcel por asesino y corrupto" "te quiero con toda mi alma, pero más a las seis copas del Barsa" "que los Reyes vengan con una buena nevada, todo blanco y viva Cristiano Ronaldo"
Se me saltan las lágrimas.
Todos somos muy navideños pero en conjunto sólo nos movemos por las etiquetas. Y es que nos encanta mezclar la política en todo, hasta en zonas donde no existe la política. Nos encanta el chismorreo, los rumores, felicitar sin olvidarnos de atacar al vecino. Nos encanta cagarnos en el Estado, en la administración y en nuestra empresa o trabajo. Parece que así exaltamos nuestra traqueteada individualidad, tan querida y tan pretendidamente independiente. Y luego nos dedicamos a enviar sms de todo a 100, es decir, a guiarnos por las etiquetas que decimos odiar, a seguir los juegos que nos atan o decepcionan, a anteponer la política a las personas. A usar el teléfono para cualquier cosa menos para hablar cara a cara.
En este sentido creo que soy un tipo raro, pues sólo he enviado dos sms y ha sido para contestar, por educación y de forma diferenciada, dos felicitaciones que me han llegado. En fin, creo que así no voy a ninguna parte.

martes, 15 de diciembre de 2009

Recortadores varios (2)

El domingo por la mañana, con un frío de nevada en ciernes, me fui a Daimiel, a la penúltima carrera popular de la temporada, pues la última será la del Pavo en el buen sitio del Parque de Gasset.
Desde que fui a los 101 me he alejado del asfalto, me he dado cuenta que prefiero correr por el monte antes que machacarme buscando bajar unos segundos la marca en tal o cual distancia. Creo que, quitando los que compiten por la victoria, los populares corremos por el curioso y quizá instintivo efecto liberador que tiene el hecho de correr y el deporte en general. En todo caso corremos por el afán de superar nuestra marca, y no la del vecino. Al menos eso creo.
Será que me estoy asilvestrando, y ya corro hasta sin cronómetro. Mezclar correr con cierta dosis de aventura es para mí algo necesario, lo demás es rutina, como levantar pesas o hacer una demanda de conciliación, y para eso no cojo el coche en un día de fiesta.
Las distancias de asfalto, una vez visto tu nivel, se reducen a una cuestión de marca, salvo por el hecho de disfrutar de pueblos y ciudades cortados al tráfico donde el correr es el protagonista. Si me apuras tiene un carácter hasta reivindicativo, por eso no entiendo las conductas de algunos corredores como diré más abajo.
Así, sin cronómetro, me fui a Daimiel, y a pesar del frío mucha gente en la salida. Entre ellos estaban los "recortadores" de siempre, gente de todos los niveles (que ni mucho menos pelean por la victoria) que recortan en cualquier esquina por las aceras o por el barbecho, engañándose a sí mismos, para bajar como mucho 10 o 15 segundos su marca. Absurdo. ¿Para eso pasan frío? ¿Para correr menos de diez kilómetros y luego chulear al vecino? ¿Para colarse también en la llegada a coger la camiseta de regalo y el aquarius? Cara duras hay en todos lados, pero menos en el campo que en el asfalto.
Está claro que no todos tenemos la misma vocación para calzarnos las zapatillas. A mí correr sin cronómetro me viene bien, incluso para ir más rápido, pues no se pierde tiempo mirando la muñeca, sin agobios de ahora voy lento o ahora más rápido.
Para no haber hecho entrenamiento espefícico alguno me salió la meritoria marca de 40' 26''. Me da igual la posición, cosa que parece no suceder con los recortadores aunque, todo sea dicho, muchos lleguen detrás de mí.
También merecen una mención especial todos aquellos, primos hermanos de los recortadores (quizá sean los mismos...) que en la salida se colocan sin tener en cuenta su nivel, no sé si para salir más guapos en la foto o para qué cojones, y provocan atascos, empujones y peligrosos adelantamientos en el primer kilómetro. Que les den. Al parecer en las carreras populares también hay "menotistas" y "bilardistas".

Recortadores varios (1)

Consultas independentistas se llamarán porque consultan su opinión sólo a los independentistas. Qué cosa más interesada. Es cómo ir al Campo Nuevo o al Bernabéu a preguntar al público de qué equipo son. Hay cosas absurdas y otras inútiles, estas consultas son las dos cosas a la vez.
Nos dice PUIGCERCÓS que 'nadie debe temer a las papeletas y a las urnas y, como digo siempre, en Cataluña se ha hecho siempre democráticamente', y se equivoca no sé si por estupidez o interés político.
En toda democracia, efectivamente, hay votaciones, pero no toda votación es democrática. Los masones también votan, y algunas instituciones religiosas, e incluso los partidos políticos tienen sus congresos internos y se dedican a votar.
La democracia es muchas más cosas que el Sr. PUIGCERCÓS, por estupidez o interés, ignora. Es respeto al Estado de Derecho, al principio de legalidad, a la Constitución en que se funda esa misma democracia. Las consultas independentistas no cumplen ninguno de esos elementos.
Creo que el problema de fondo de los independentitas catalanes es que no quedaron satisfechos con las últimas votaciones, legales y democráticas, realizadas en Cataluña. Por ello intentan hacer mascaradas absurdas e inútiles; intentan buscar legitimidad supuestamente democrática saltándose todas las leyes a la torera.
Estos de la esquerra y de la independencia hipócrita quieren abolir las corridas de toros en Cataluña. No me extraña, con políticos tan recortadores y toreros, que usan la lengua por muleta y sus huevos por montera, no les hace falta ver a José Tomás ni a Morante de la Puebla.
P.D.: Que conste que aborrezco las corridas de toros.