lunes, 2 de junio de 2008

Implosión.



Por fin ha finalizado mi sanción y he podido coger este libro. Me lo empecé a leer hace mucho en casa de un amigo en Barcelona, me sorprendió y lo dejé a las veintipico páginas porque salía el tren y me dio no sé qué hurtarlo cuando Tomás lo tenía recién comprado y sin leer. Cada libro tiene un contexto que no se suele olvidar. En aquel día me dolían las rodillas.
Lo más destacable del libro, de inicio, como ya he dicho, es que sorprende. Y no lo hace por cuestiones aparentes, por historias rocambolescas o por cambios de sentido. Lo hace por su tono, su fondo, su desnudez. A algunos esto se le hará monótono a largo plazo y apreciarán ausencia de riqueza en las descripciones, aburrimiento y bla, bla, bla. Pero es que, me parece a mí, es eso precisamente lo que pretende transmitir el autor.
Original en todo caso, también por su temática: nos lleva a la desolación última de la humanidad, se puede decir que al día del Juicio Final, sin trompetas, sin alaridos, sin extraterrestres, sin Stallones, sin ciencia ficción.
Todo es humano.
Supervivencia pura y dura; retorno más allá de los orígenes de la cueva. Allí había naturaleza, estos son rupestres en blanco y negro, aborígenes anacrónicos.

4 comentarios:

Néstor Aparicio dijo...

Es, sin duda, de lo mejor que me he leído jamas. Tú y yo, Ramón, somos de los buenos, aún. Y además llevamos el fuego. O querría llevarlo.

Anónimo dijo...

A ver si lo encuentro disponible de una puta vez en la biblioteca.
Van cinco intentos y nada, que no hay manera.

Mr. Hyde.

R. Gª. ALDARIA dijo...

Espero ser de los buenos, aunque os derrame la cerveza por encima en las bodas. Es especialidad mía tirar la bebida al vecino en cualquier tipo de comida.
Aún lo tengo en casa Mr. Hyde, si vas mañana ya lo tendrás disponible.

raul rodriguez dijo...

te faltó decir que es el autor de no es pais para viejos