martes, 10 de junio de 2008

¿Vigorexia neuronal?

Hay gente que se autocalifica de intelectual, o se regodea de que así le llamen. Suena pretencioso, irregular, algo retorcido. Se puede ser pintor, escritor, científico, actor, pastor... Pero presumir por ello de "intelecto" es como presumir de diametro de bíceps. Proteínas de papel y vagos idealismos. Sobre todo cuando de "intelectual" suele ser sinónimo "inútil": ¿Es un trabajo tener las neuronas más grandes o más pequeñas? ¿Se arregla algo a base de intelectualidad? ¿Pagan por pensar mirándose al espejo?
Hay muchas formas de absurdos onanismos. Se trata de encasillar en una supuesta brillantez lo que son simples aficiones o trabajos. Crear iconos: como actuo muy bien mi opinión sobre política es certera e indiscutible. Bocas de la verdad. Oráculos de lo auténtico cuando no son más que modistas del aire.
Por mi parte, he comprobado tras numerosos estudios empíricos que, personalmente, desarrollo más actividad cerebral y más concentración viendo la Eurocopa o jugando al Pro Evolution Soccer (los videojuegos son, por lo visto, malignos, el azote de Platón) que viendo cine japonés, leyendo con habitualidad o haciendo un juicio por muy bien que éste salga. Se ve que mis neuronas no son intelectuales. Vaya por dios.

lunes, 9 de junio de 2008

Puntería.

Hay días en los que se tiene puntería, mucho acierto.
Hay días en los que tienes que estar en un sitio a las 9:30 y, en otro, a las 11:00. Hay días en los que la diligencia final que se tiene que practicar en el Juzgado de Puertollano se convierte en la negligencia mayor del reino, en un vía crucis para la paciencia: empieza cincuenta minutos tarde sin motivo aparente más allá de las legañas de Su Señoría. Sin disculpa. El Juzgado nº 1 de Puertollano es muy tradicional, costumbrista, un baluarte en la defensa de las referencias básicas de la conciencia colectiva. Pasan los Jueces, pero no su espíritu de comenzar el primer señalamiento del día con más de cuarenta minutos de retraso.
Hay días en los que tienes que sacar pasta del cajero para poder sacar el coche del parking y te encuentras con dos Señoras que analizan cada una de las funciones del cacharro: sacan dinero, los extractos para la renta, ingresan dinero, actualizan la libreta... Creo que hasta se echaron una partida al Tetris. Hay días que cuando vas ya con media hora de retraso y aparcas el coche, te encuentras a la salida con el vecino del Porsche Carrera que no sabes de donde coño saca la pasta con estos tiempos de crisis, y tú, pensando en tu hipotecón, pisas una baldosa de esas miles que están sueltas en el centro de nuestra queridísima ciudad y te pringas toda la pernera del pantalón hasta la entrepierna de agua sucia y repugnante. Ridículo. Piensas si subir a cambiarte pero llevas prisa. Y te largas a toda leche y al final llegas cuarenta minutos tarde y te encuentras una fila de extranjeros esperándote para consultarte sobre sus renovaciones, arraigos y nacionalidades y todos se quedan mirándote el pantalón, y pensando si van a dejar en manos de ese desalmado sucio, y extranjero para ellos, sus confidencias y papeles.
A pesar de todo, hay días en lo que lo peor es que aún no han terminado, y piensas que haber escrito sobre ellos tan pronto puede ser un mal augurio y queda aún la tarde, y la noche...

lunes, 2 de junio de 2008

Implosión.



Por fin ha finalizado mi sanción y he podido coger este libro. Me lo empecé a leer hace mucho en casa de un amigo en Barcelona, me sorprendió y lo dejé a las veintipico páginas porque salía el tren y me dio no sé qué hurtarlo cuando Tomás lo tenía recién comprado y sin leer. Cada libro tiene un contexto que no se suele olvidar. En aquel día me dolían las rodillas.
Lo más destacable del libro, de inicio, como ya he dicho, es que sorprende. Y no lo hace por cuestiones aparentes, por historias rocambolescas o por cambios de sentido. Lo hace por su tono, su fondo, su desnudez. A algunos esto se le hará monótono a largo plazo y apreciarán ausencia de riqueza en las descripciones, aburrimiento y bla, bla, bla. Pero es que, me parece a mí, es eso precisamente lo que pretende transmitir el autor.
Original en todo caso, también por su temática: nos lleva a la desolación última de la humanidad, se puede decir que al día del Juicio Final, sin trompetas, sin alaridos, sin extraterrestres, sin Stallones, sin ciencia ficción.
Todo es humano.
Supervivencia pura y dura; retorno más allá de los orígenes de la cueva. Allí había naturaleza, estos son rupestres en blanco y negro, aborígenes anacrónicos.

viernes, 30 de mayo de 2008

Mil y una instancias.

Apelar es algo así como el soñar de los sueños conscientes e imposibles. Es querer y no poder. Poder querer y nada más. Es darle un puñetazo en pleno viaje al "tom-tom" que no está actualizado y nos ha llevado a las batuecas, o a Babia. Es justificar a nuestro cliente ante nuestro propio cliente. Rodar. Si apelar es una cuestión de fe no nos harán caso. Pero cuando sale bien es como un milagro laico. De cualquier modo, apelar es desarrollar la paciencia y la capacidad de soportar llamadas telefónicas a deshora. Aún no sé nada. Las mejores apelaciones son las que nunca haremos. Y está claro que, como los juicios, ni las ganamos ni las perdemos. Nos lo dan o nos lo quitan, lo demás le toca a otro, sea más arriba o sea más abajo. Eso somos.

martes, 27 de mayo de 2008

Un día en el campo.

Cazar debe ser una de las cosas más instintivas que puede hacer el ser humano. Yo, de momento, me conformo con correr sin pegar tiros y con rascarle la barriga a mi perro. A mi no me gusta, nunca me ha gustado, y por supervivencia no me he visto en la necesidad. Eso sí, profesionalmente la caza la tengo muy presente: atropellos, tiros, accidentes. Es un mundo con muchos tópicos; una actividad, una afición (no la considero un deporte) de mucho riesgo. Un tiro debe hacer mucho daño. Un compañero de caza puede ser tu peor enemigo. Y muchas veces lo es. En una milésima de segundo te la juegas: o te llevas la preciada pieza o te llevas pesadillas e insomnio de por vida o no te llevas nada. El otro día, en un pueblo perdido de nuestra provincia, ví lo segundo en los ojos de un cliente. No resultó nada agradable. Había maleza, un matorral enmedio, el animal se dirigió donde no suele hacerlo, y cuando se quiso dar cuenta todo estaba lleno de sangre. Sangre humana.

Nunca me ha llamado la atención cazar, no me gusta, nunca lo he hecho, y el otro día me ratifiqué en mi intención de no hacerlo. Pero, nos guste o no nos guste la caza, no hay que caer en tópicos ecologístas de bondades supremas y cambio climático: cada vez compruebo que los cazadores, guardas y encargados de los cotos son gente noble. Buena gente. Algunos con los ojos escarchados de por vida.

lunes, 26 de mayo de 2008

Qué sé yo.

No sé si tendrá algo que ver el correr con el escribir, pero es cierto que he estado una semana de descanso y ha coincidido con una pereza blogera sin precedentes. ¿Mens sana in corpore sano? No creo. Los escritores e intelectuales han sido más veces borrachos, pedófilos y vividores en general antes que deportistas. No es que llegue yo a esa altura, pero en fin, alguna vara de medir hay que coger para hacer comparaciones.
Confieso mi pecado: Hace dos domingos me retiré en el kilómetro 12 de le media maratón de Almagro. Saturación, sobrecarga. Tomarte como normal y rutinario algo que no lo es: correr 21'097 km lo más rápido que puedas. Esos fueron mis errores junto al más importante: marcarme objetivos más allá del placer de correr me hicieron sentirme más obligado que a gusto. Lectura positiva: una merecida semana de descanso y la determinación de no volver a retirarme en otra carrera salvo por lesión.
Como decía, no sé si esto habrá influido en mis neuronas y falanges, si habré sufrido un estado de agujetas físicas y mentales. Pero me da igual. Las cosas imposibles nos deben dar igual.

Astenia primaveral.

Últimamente me cuesta escribir en el blog. Será la subida del euribor, será por eurovision, será por el final de la liga, será porque llevo una semana sin correr.
Pues sigo inapetente, así que os copio un correo que me han enviado (no es el típico chiste o power point...) Ha sido lo mejor que he leido en mucho tiempo, y me consta, por la fuente, que es real.
Respuesta en un examen de Química.
La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad Complutense de Madrid. La respuesta de uno de los estudiantes fue tan 'profunda' que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet; razón por la cual podemos todos disfrutar de ella.
Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?
La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).
Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:
'En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa total del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas. En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial. Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno: según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay dos posibilidades:
1. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.
2. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.
¿Qué posibilidad es la verdadera?
Si aceptamos lo que me dijo Ana en mi primer año de carrera ('hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo'), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera y por tanto daremos como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido; dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica por qué, anoche, Ana no paraba de gritar '¡Oh, Dios mío! '.
Dicho estudiante fue el único que sacó sobresaliente