En la actualidad aquellos aficionados o profesionales del Arte Moderno son intelectuales, como otros tantos. Arte que incluye, entre otras cosas, abstraccciones tan sofisticadas, cultas y edificantes como cadáveres de personas o animales momificados de extrañas maneras; bellezas como un pared desierta, o un cuadro en blanco con una raya negra. Si Velázquez, que defendió la pintura como auténtico arte frente al simple oficio manual, levantara la cabeza se iba de voluntario a Irak. Hoy día trasforman Las Meninas en una pegatina u holograma gigante del Bollycao y te montan una exposición requeteculta.
Por contra, si uno es aficionado a los videojuegos, corre el riesgo de ser visto como alguién infantil, ocioso, "picado". Y si encima osa decir que son una expresión artística, será calificado como un freake pomposo y prepotente.
El videojuego es, ni más ni menos, que la mezcla de los géneros más diversos con el añadido de la interactuación del ser humano. Te puede gustar o no, y punto.
Hace tiempo que los videojuegos dejaron de ser un simple entretenimiento de niños, a nivel de cifras mercantiles mueven más euros que el cine y la música. Hay juegos que nos hacen vivir con más intensidad, por ejemplo, una batalla histórica que la mejor película del género, con una mejor ambientación y con un argumento sólido. El tiempo dejará a cada uno en su lugar: yo apuesto porque el sector del videojuego acabará dejando, como mínimo, al cine y al cómic en pañales.
En tal sentido destacar como hace una o dos semanas apareció un artículo en la revista-suplemento El Cultural (sale los jueves junto al periódico El Mundo) en el que se señalaba la importancia del videojuego desde el punto de vista artístico. También ha habido otras noticias similares en fechas recientes.
Una acotación evidente pero necesaria: igual que en el cine y en la literatura, hay videojuegos para niños, adultos, de miedo, de guerra, etc, y productos buenos y lamentables, lo cuál no descalifica el concepto del conjunto.
El problema de los videojuegos: incluye en su denominación la palabra "juego", y hay gente a la que no le gusta jugar o se le ha olvidado.
Por contra, si uno es aficionado a los videojuegos, corre el riesgo de ser visto como alguién infantil, ocioso, "picado". Y si encima osa decir que son una expresión artística, será calificado como un freake pomposo y prepotente.
El videojuego es, ni más ni menos, que la mezcla de los géneros más diversos con el añadido de la interactuación del ser humano. Te puede gustar o no, y punto.
Hace tiempo que los videojuegos dejaron de ser un simple entretenimiento de niños, a nivel de cifras mercantiles mueven más euros que el cine y la música. Hay juegos que nos hacen vivir con más intensidad, por ejemplo, una batalla histórica que la mejor película del género, con una mejor ambientación y con un argumento sólido. El tiempo dejará a cada uno en su lugar: yo apuesto porque el sector del videojuego acabará dejando, como mínimo, al cine y al cómic en pañales.
En tal sentido destacar como hace una o dos semanas apareció un artículo en la revista-suplemento El Cultural (sale los jueves junto al periódico El Mundo) en el que se señalaba la importancia del videojuego desde el punto de vista artístico. También ha habido otras noticias similares en fechas recientes.
Una acotación evidente pero necesaria: igual que en el cine y en la literatura, hay videojuegos para niños, adultos, de miedo, de guerra, etc, y productos buenos y lamentables, lo cuál no descalifica el concepto del conjunto.
El problema de los videojuegos: incluye en su denominación la palabra "juego", y hay gente a la que no le gusta jugar o se le ha olvidado.
P.D.: Permítanme una recomendación: Dénse una vuelta por http://lagranbatidorademierda.blogspot.com/ Si además les gusta la música moderna este blog les enganchará.
