Hay días en los que se tiene puntería, mucho acierto.
Hay días en los que tienes que estar en un sitio a las 9:30 y, en otro, a las 11:00. Hay días en los que la diligencia final que se tiene que practicar en el Juzgado de Puertollano se convierte en la negligencia mayor del reino, en un vía crucis para la paciencia: empieza cincuenta minutos tarde sin motivo aparente más allá de las legañas de Su Señoría. Sin disculpa. El Juzgado nº 1 de Puertollano es muy tradicional, costumbrista, un baluarte en la defensa de las referencias básicas de la conciencia colectiva. Pasan los Jueces, pero no su espíritu de comenzar el primer señalamiento del día con más de cuarenta minutos de retraso.
Hay días en los que tienes que sacar pasta del cajero para poder sacar el coche del parking y te encuentras con dos Señoras que analizan cada una de las funciones del cacharro: sacan dinero, los extractos para la renta, ingresan dinero, actualizan la libreta... Creo que hasta se echaron una partida al Tetris. Hay días que cuando vas ya con media hora de retraso y aparcas el coche, te encuentras a la salida con el vecino del Porsche Carrera que no sabes de donde coño saca la pasta con estos tiempos de crisis, y tú, pensando en tu hipotecón, pisas una baldosa de esas miles que están sueltas en el centro de nuestra queridísima ciudad y te pringas toda la pernera del pantalón hasta la entrepierna de agua sucia y repugnante. Ridículo. Piensas si subir a cambiarte pero llevas prisa. Y te largas a toda leche y al final llegas cuarenta minutos tarde y te encuentras una fila de extranjeros esperándote para consultarte sobre sus renovaciones, arraigos y nacionalidades y todos se quedan mirándote el pantalón, y pensando si van a dejar en manos de ese desalmado sucio, y extranjero para ellos, sus confidencias y papeles.
A pesar de todo, hay días en lo que lo peor es que aún no han terminado, y piensas que haber escrito sobre ellos tan pronto puede ser un mal augurio y queda aún la tarde, y la noche...

