martes, 16 de junio de 2009

Orgullo y prejuicio.

Ser de la La Mancha supone nacer con el icono de El Quijote debajo del brazo, o sobre el pescuezo, según se mire. Hasta el punto de que parece no haber distinción entre La Mancha y el Quijote y ser de uno sea ser del otro sin punto ni coma.
Me pregunto que sería de La Mancha antes del famoso personaje, es más, ya dudo de que siquiera pudiera haber algo antes del big-bang cervantino. Museo del Quijote, Quijote Arena, la Ruta del Quijote, centenarios, días del libro y, lo peor, la metáfora contínua y ansiolítica por todos lados. ¿Redimir nuestra breve historia sobre unas páginas?
Somos pesados, muy pesados, cualquier celebración (nuestra alcaldesa sabe mucho de ello) sirve para etiquetar al homenajeado o celebrado o victorioso con el hidalgo loco. Que no se yo porque esa preferencia y gusto en compararse con un pirado, estando también Sancho y su rucio y Rocinante.
De pequeño, desde las ventanillas del coche, me sorprendían las figuras de metal que hay en muchas entradas de nuestros pueblos, siluetas de quijotes y sanchos, y como todo niño mezclaba la ficción con la realidad, y daba por personaje histórico lo que era ficción.
De unos años acá me está volviendo a pasar, el poder mediático no tiene límites, y los ataques de misticismo seglar tampoco, y la nacionalitis tiene muchas formas.
Estoy cansado de oír la palabra Quijote de forma injustificada, sin sentido, indiscriminada, absurda. Y a veces de su contexto me vienen ecos del Árbol de Guernica.
Le daré alguna vuelta más, quizá esté confundido...

viernes, 12 de junio de 2009

En suspenso.

Vas a Valdepeñas a una declaración, a media mañana, y te dicen que se suspende. ¿Estado de alarma, excepción o sitio? ¿Nos han invadido de nuevo los franceses? No. Es que el funcionario encargado del asunto está de baja. ¿Y no la puede tomar algún compañero suyo? ¿O Su Señoría, como corresponde? No. Que ya nos citarán para otro día. ¿Y no nos podrían haber avisado? No, porque lo tendría que haber hecho el funcionario que está de baja, y al estar de baja no habrá podido. Claro, claro.
El ilustre cazador y también Ministro Bermejo dijo algo de impulso interno, cuando la huelga y eso. Y se le echaron encima sin falta de razón. Efectivamente, tuvo que ser más prudente, que generalizar con lo peyorativo de terceros en huelga, siendo político, es ponerse en la guillotina mediática. Pero en algunos casos puntuales, como el que refiero, no le faltaba razón, ni mucho menos.
Es la una y media. Yo he perdido una mañana entera con la falta de solidaridad funcionarial o de impulso o de quién sabe qué. Y si quiero impulsarme internamente no me queda más remedio que ir a contra pie. Serán cosas del estío, o del hastío. Y hay que dejar las cosas cerradas antes de agosto y si me pilla Bermejo...
En fin. Al menos he visto los campos de Valdepeñas, las direcciones y cañadas anunciadas, y he recordado los pasajes del libro de Galdós que tengo en marcha, en pausa de relectura, esperándome para la siesta, con el General Castaños buscando la retaguardia de la canalla y Gabriel y Santorcaz trasegando La Mancha, hacia las cercanías de Bailén.
Como veís, me conformo con poco. Algo habrá que hacer entre pérdida y pérdida de tiempo.

jueves, 4 de junio de 2009

"Andar es sano" o "Predicar con el ejemplo"

Conté por aquí hace un par de meses como la grúa me virló el coche por los excesos de celo del Juez Decano en funciones con la zona de seguridad del Juzgado (según me informó una fuente fiable) Y pusieron bolardos unos días después. Y los gorrillas de enfrente siguen campando a sus anchas. Desconozco si nuestros suplicados Juzgados han ganado en seguridad o no. Sabe Dios.
A partir de entonces, como todo hijo de vecino obligado a soltar pasta por cualquier chorrada en estas ciudades del siglo XXI, opté por dejar el coche en el parking de los multicines de al lado, a razón de euro y pico cada envite.
Pero hoy me siento reconfortado con aquél, lejano ya, día de autos (nunca mejor dicho lo de "autos") por dos motivos:
Primero, la multa por mal aparcamiento no me ha llegado, han pasado casi tres meses y no me ha sido notificada, conocer gente hace milagros. Llorar también.
En segundo lugar, y lo más importante, he comprobado en primera persona, desde una perspectiva inmejorable, casualidades de la vida, como los excesos de celo de nuestro querido y entrevistado Juez Decano en funciones, se han vuelto en su contra. Verbigracia que decían antes. En respuesta a los problemas de aparcamiento en la zona del Juzgado este Señor dijo recientemente, públicamente, en entrevista a Tabla XIII, que nunca ha habido zona habilitada para los profesionales de guardia y, lo más oportuno, que en definitiva andar es sano.
Simpatica e irónica solución para decir que el problema de aparcamiento no es para tanto. Yo le hice caso, pues me tomo las indicaciones e, incluso, los consejos físicos de los jueces al pie de la letra. Por eso del andar es sano me apunté a los cientouno de Ronda. Y efectivamente, llevaba razón nuestro querido Juez, al igual que lleva razón en todas y cada una de sus sentencias y autos, y me resultó muy sano y placentero recorrer los caminos de Ronda a patita durante más de cien kilómetros.
Estoy más sano que nunca. Es más, siguiendo su consejo, cada vez que estoy de guardia y me llaman de la Comisaría de los nacionales voy y vengo a pie, tardando toda la mañana para lo que antes tardaba un par de horas. Pero los jueces de guardia no se mosquean, ni me piden celeridad, saben que es por prescripción judicial, de su Decano en funciones, que esto de andar para estar sano es ya casi proyecto de ley.
Pasé a idolatrar a este Señor por su consejo, me comí mi anterior entrada del blog, arrepentido por mis palabras suspicaces respecto a Su Señoría. Es que los abogados nos pasamos un huevo, pensé. Apunto estuve de pedirle que fuera mi entrenador personal.
Pero los ídolos son acompañantes fugaces... Hace dos días el mito se me derrumbó... Y aún no me he recuperado. Como os decía, por seguir andando sin parar por prescripción judicial, dejé de aparcar en los multicines Las Vías, y volví a las lejanías del Polígono Larache, con cuarenta grados a la sombra y la toga bajo el brazo es como se disfruta la vida. Un, dos, un, dos. Derecha, izquierda, derecha, con la venia, izquierda.
Desde el campo de prácticas de golf subía yo, dichoso de mí plenitud física, pateando el humeante asfalto, cuando unos pocos metros delante ví un pequeño atasco. De frente, en primer lugar, un coche pequeño, detrás dos furgonetas que salían de las naves, algún claxón sonando, y el conductor del coche pequeño gasticulando dentro del vehículo violentamente, durante un buen rato. Cómo se pone la gente, pensé, que barbaridad ¡que anden como yo y como mi gurú!
Con los ecos en la cabeza del cercano Quijote Arena dudé si podía tratarse de una celebración tardía de la Champions League al estilo Talant Dujshebaev desbocado, en medio de la pista, con los brazos alzados y la mirada perdida. Miré en busca de bufandas o banderas saliendo de las ventanas de los vehículos pero, sorpresa, nada de eso había. Qué raro.
Lo que pasaba era, simplemente, un altercado de tráfico: la típica maniobra en que un coche se detiene para aparcar, pone la marcha atrás, las luces blancas se encienden, pero no puede proceder porque detrás no le han respetado el hueco y tiene pegadas al maletero dos furgonetas blancas, y una creciente fila de coches y, claro, todos no pueden dar marcha atrás para que el primero aparque.
Que listos sois, ya habéis adivinado quién era el conductor del pequeño vehículo a motor deseoso de aparcar y con los brazos alborotados, vociferante, cual molino de viento desbocado moliendo a mi ídolo venerado. Por cierto, eran las diez y cuarto de la mañana.
Sin creer lo que había visto fuí a hacer unas gestiones al Juzgado y, a renglón seguido, a Alcázar de San Juan, donde creo que el Juzgado sobrevive sin zona de seguridad.
Me encuentro perdido, ya no sé si andar es bueno o malo, ¿a quién tomaré ahora como guía espiritual? ¿Por qué enfadarse hasta tal extremo si cuánto más lejos se aparque mejor?
Ya saben, dicen que conduciendo sale a relucir nuestro verdadero carácter. Y, ya saben, dicen que hay gente que muestra su soberbia con gestos abiertamente prepotentes y escupitajos en la mesa y, otros, con un bonachón paternalismo en apariencia apacible y resignado.
Yo sigo dando gracias a estas benditas casualidades que me sirven de guía. De momento me he reconciliado con las grúas y el depósito municipal. Desengañado de mi amor fugaz, pero contento.
Creo que he aprendido, no volveré a aparcar, lo prometo, en un paso de cebra próximo a una zona de seguridad (os recuerdo que esta infracción esta prescrita, que nunca se sabe quién puede leer esto)
Otros continúan en su impostura y echan de menos esa zona de seguridad, que empezó a ser una molestia cuando empezó a utilizarla más gente y no sólo unos pocos privilegiados.
P.D.:
ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN HECHOS REALES. LOS NOMBRES, PERSONAJES Y LUGARES QUE APARECEN TAMBIÉN SON REALES, INCLUIDO YO (DENTRO DE LO QUE ME ES POSIBLE) CUALQUIER TERGIVERSACIÓN DE LO DICHO SERÁ ACLARADA POR OTROS MEDIOS, EN NINGÚN CASO VIOLENTOS. SOY CONSCIENTE DEL RIESGO DE SUFRIR ALGÚN TIPO DE REPRESALIA GARZONIANA. YA SE SABE, LA COSAS DE LA JUSTICIA UNIVERSAL. EN TODO CASO DEJO CONSIGNADO QUE ESTOY INFLUIDO, AL MOMENTO DE ESCRIBIR Y PUBLICAR LO QUE ANTECEDE, POR SUSTANCIAS TÓXICAS QUE NUBLAN LISONJERAMENTE MI POCO ENTENDIMIENTO. CASUALIDADES DE LA VIDA.

martes, 2 de junio de 2009

Crisis y crisis.

De los últimos cuatro juicios verbales por daños que he tenido, en tres de ellos no ha comparecido el demandado y, en el otro, sólo compareció uno de los codemandados. No sé si será cosa de la crisis, y las empresas no comparecidas están en concurso, o que al ser inferior a tres mil euros la reclamación y considerarse culpables piensen que así, al menos, se ahorran la minuta del abogado. Lo dudo, pues suelen llevar al del seguro. Luego en ejecución quizá no les quede ni un duro, pero bueno, bendita sea la crisis, ¡al menos gano algún juicio!
Y es que por La Mancha nos estamos volviendo amantes de la crisis, el Balonmano Ciudad Real desde que luce su flamente publicidad de "I crisis" hace de cada partido un juicio sumarísimo al rival. Cuestión de fe, que esto del deporte nos da metáforas evidentes de lo importantes que son los estados de ánimo.
Que se lo digan al Barcelona y al toreo de balón de Iniesta, pese a que por tierras catalanas, donde nos hacen creer que todos son ecologistas y antiespañoles, comparar a su jugador con el toreo lo consideren un insulto. Que se lo digan a Guardiola, cómo trasformar la misma materia prima en excelencia con un toquecito aquí y otro allá. Para tomar nota.
Que se lo digan al Quijote Arena, donde palabras como empatía e ilusión tomaron forma, cuerpo, cemento puro. Algunos jugadores alemanes miraban sorprendidos a la grada, de reojo, lo nunca visto. Y miraban no por miedo, no se tiró ni un objeto a la pista, no hubo apaños a la griega. Miraban, dejando aparcado su orgullo y su aire de suficiencia, y miraban pensando en cómo era posible que en su fastuoso Sparkassen Arena no sintiesen esa sintonía.
Que le pregunten al todopoderoso Kiel y a Dujshebaev qué es la crisis, o que se lo pregunten al millonario Florentino y al prudente Guardiola. Y quién se cambiaría por quién.
Lamentablemente las ejecuciones judiciales no entienden de estos entusiasmos deportivos, ni existen remontadas.

jueves, 28 de mayo de 2009

Ciento veinte caracteres.

Antes de leer esta breve entrada apaguen el móvil, por favor.
Huimos de la soledad como si fuese un hechizo del mal. Y terminamos mirando todo de reojo, sin saber muy bien porqué. ¿Prisas? Sin teclas nos inspira el abandono. Vamos dando cabezadas en el metro, con mil alarmas en el teléfono móvil, que ya es teléfono y lo es todo en uno, manejado entre los hábiles dedos como el conejo en la chistera, como aspiración de nuestros deseos, como naipes sin comodín, ni ases, ni reyes. Un cumpleaños acaba siendo un recordatorio del que poco nos acordaremos.
Acompañados entre ondas pero muy lejos del mar. Y marchamos, y huimos por las olas que dejan rastros espías en sistemas informáticos de no sabemos dónde. Y deambulamos por estrictas compañías de pocos caracteres, y nerviosos miramos las llamadas perdidas. Y muchos de los expertos en sms no saben escribir una carta. Lo impensable hace pocos años se convierte en necesidad imperiosa, vital. Pero en la edad de piedra donde no existían los politonos (hace tan poco tiempo...) no estábamos tan solos ni tan aburridos. Huiríamos también, sí, de tantas cosas como siempre, de tantas rutinas como ahora, pero el tiempo parecía más largo.
A más necesidades más carencias. La paciencia se queda en el olvido y el cielo queda pixelado entre antenas. Avanzar suena a confusión máxima, a collage de siglas y esloganes. Hacemos breves amputaciones a nuestro disco duro. La tarjeta de memoria es fundamental.
Tan importante es estar conectado que aquel que no lo está lo damos por muerto, o lo creemos en fatal situación si insistimos y no lo coge, a cualquier hora del día, en guardia de nuestras emociones.
Si quereís volver a encenderlo, yo no lo haré hasta mañana por la mañana, que estoy de guardia profesional. Y pasado mañana.

lunes, 25 de mayo de 2009

Allanado he llegado.

A veces cuesta coger el coche, pero más pesado sería no tener que cogerlo nunca, siempre entre cuatro paredes. Así, con esa justificación optimista y la banda sonora de Barrio Sésamo en la radio, he partido esta mañana a Alcázar de San Juan, pensando en la gotera maldita y en las arquetas juguetonas. Y dado que era fiesta local en Ciudad Real, sin expectativa de pisar un despacho a la vuelta, he echado la bolsa de deporte al maletero, por si acaso. Sería que ya tenía la mosca detrás de la oreja.
Llamada del procurador.
- La parte contraria acaba de presentar un escrito de allanamiento, ¿dónde estás?
- Pues que bien, digo, estoy aparcando. Pues que bien, ¿quién es la compañera?
Compañera es un decir. Subo al Juzgado, me encuentro a la perito por la escalera igual de mosca que yo, vaya tela, ya podía haber avisado, y esto, al menos se ha ganado, y lo otro. Ya que estoy pues cojo una copia del escrito de allanamiento y pregunto por unos juicios de faltas, y hablo con un par de compañeros, y me acuerdo de la estirpe maldita de la plana letrada allanada, y hablo con el procurador de las zapatillas de estar por casa. Qué gracia.
Quince minutos contados desde que aparco hasta que vuelvo a coger el coche. A los de la zona azul ni siquiera les ha dado tiempo a multarme. Después de esta parida judicial, gracias a la compañera a la que voy haciendo vudú telepático, se te queda sensación de vacío espiritual, de kilómetros perdidos, de viaje banal. Pero no, hoy es fiesta local, y no pisaré ya ningún despacho... y tengo la bolsa de deporte en el maletero.
Pienso, me vuelvo dando un rodeo por Ruidera, cincuenta minutos más de coche, pero hace poco pasé por allí y un camino al otro lado de la orilla chiringuetera tenía buena pinta... Cincuenta minutos más de coche que hacen provechoso lo que habrían sido dos horas de volante absurdas.
Y dos horas y media andando, que gusto, en silencio, llegando a agradecer el allanamiento que me ha hecho cambiar los elocuentes chirridos de la allanada por los pájaros y el viento.
Al volver a casa ya no tengo la cara de imbécil con la que salí del juzgado, y ya no me acuerdo de la agraciada compañera, aunque ella, quizá, algún día se acuerde de mí. Y, en el fondo, he tenido mi día de fiesta, que la cabra tira al monte, auque sea para hacer doce kilómetros.




sábado, 23 de mayo de 2009

Llegar ya vale en los cientouno (2ª parte)

Hablando con la gente de esto de los 101 me siento como un extraterrestre tarado. Algunos me han preguntado que cuántos lo hicimos, que si más de veinte, o de cincuenta, o de cien... Vaya, lo que hace que estas cosas no salgan en la tele, aunque sea en los espacios de sucesos o de zapping o de estupideces varias. Os aseguro que hubo una afluencia digna del mejor botellón. A lo largo de ciento y un largos kilómetros una cosa os digo: ¡no estuve solo! Ya han salido las clasificaciones y, si no os creéis lo que os digo, podeís consultar el siguiente enlace.


Los atletas inscritos en marcha fuimos 3.245 (si sumamos a los de duatlón y a los señoritos de la mountain bike hubo un total de 7.290) En la salida habría alguno menos, pues siempre algún inscrito por motivos varios no puede ir a la prueba. Pongamos que salieramos cien menos, 3.145 marchadores.
Cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto la cifra de llegados a meta: 2.095. Más de mil retirados, aproximadamente un tercio de los participantes, y eso que las condiciones climatológicas no fueron excesivamente duras. Salvo de 16:00 a 18:00 horas, cuando el calor hizo aparición en una de las tres subidas más fuertes del recorrido, y muchos cayeron a la sombra de las cunetas. Fue sobre el kilómetro 38 y yo también lo pasé mal, entre otras cosas porque se me terminó el agua, y por un momento pensé que quizá no llegase a la meta. Pero fue sólo un momento.

A estas cosas se va, como dice nuestro ilustre paisano José MOTA, a aberroncharse contra el rocaje vivo. Si hay que ir se va, y se va con el espíritu adecuado o uno se queda en casa. Cuando la fatiga y el calor se mezclan no te quedan recursos para pensamientos muy abstractos, y si se va pensando en dar un paso más, y luego otro, y otro, no te queda hueco para pensar en nada más, ni siquiera en retirarte. Y otro más. Yo seguí adelante y, por esta vez, me salió bien.
Mi puesto definitivo en la clasificación general de marcha ha sido el 921. El de mi categoría, "senior civil" no lo sé exactamente por un error en la fecha al hacer la inscripción, no sé por qué motivo, pero viendo los puestos anteriores calculo que será sobre el 170. Como siempre sucede en estos eventos los veteranos (mayores de 35 años) superan en cifra a los senior, y quedan en mejores posiciones.


Y una curiosidad, dentro de la división de categorías entre "civiles" y "militares", tanto en categoría senior como en veteranos, los civiles quedamos de forma general en mejores puestos que los militares, sorpresa, sorpresa, y es que Spain is different y nos va el dos de mayo y echarle cojones a destiempo.
Eso sí, no conozco Ronda más allá del polideportivo donde dormí (la madre que parió al corneta...) el campo de fútbol de donde salío la marcha y el Parque de la Alameda a donde llegué. A la salida vas mirando el suelo, pues es cuesta bajo, bastante pronunciado, y rodeado de miles de marchadores que salen nerviosos y más rápido de la cuenta. A la llegada vas con la cabeza gacha porque no puedes levantarla, y vas intentando mover los pies aunque sea por telepatía, izquierda, derecha, iiiizquieeerda, deeeerechaaa; ahora otra vez el izquierdo, y ahora venga, derecho, puedes un poquito más. Arriba y luego abajo. Que ya queda poco.
Si me preguntáis si Ronda es bonito y os mando a la mierda espero que sepáis entenderme y disculparme.